La respuesta de AMLO a los cuestionamientos sobre los feminicidios, fue expresar su disposición para crear una fiscalía especializada en contra del feminicidio y “todo lo que haga falta” para combatirlo.

El comentario sobre las protestas de grupos feministas en Palacio Nacional, donde hubo pintas, fue que garantizaba el derecho de manifestarse, pero recomendó la manifestación pacífica: “Entiendo que son cuestiones muy graves, nosotros enfrentamos un régimen que desaparecía personas, un régimen que desgració a muchos, y nunca rompimos un vidrio, la no violencia es una opción […] no se puede enfrentar la violencia con más violencia”.

Mencionó que su gobierno está trabajando en las causas que generan los crímenes, que espera que se fortalezcan los valores, que exista bienestar material y bienestar del alma. Declaraciones desatinadas, después del brutal asesinato de Ingrid, después del terrible asesinato de Fátima, después de cientos de feminicidios, desapariciones, violaciones. 

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Semanas antes de que AMLO llegara oficialmente a la presidencia, se anunció que más mujeres, en comparación con administraciones anteriores, ocuparían cargos políticos y públicos en su gobierno, un hecho para celebrar, claro, pero las distintas caras de la violencia contra las mujeres no han sido mermadas, al contrario, la exposición de diversos casos va en aumento, y aparentemente la saña y la crueldad se agudizan.

Pareciera que AMLO ve en los movimientos feministas una oposición a su gobierno, y en cambio presentó un decálogo y trató de minimizar el tema. Pareciera que la oposición política de la 4T pretende aprovechar las movilizaciones y manifestaciones feministas para sacar algún provecho político. Pareciera que aunque haya reconocido su equivocación al tratar de eliminar la tipificación del feminicidio, Gertz Manero está impedido para actuar adecuadamente. Pareciera que los medios no están dispuestos a dejar de ser imprudentes y apelar al amarillismo para explotar un crimen y dejar de recibir clics. Pareciera que nadie entiende.

En cambio, las activistas feministas rechazan, y cómo no hacerlo, estos discursos. ¿Por qué no exigirle a AMLO que se retracte?, ¿por qué no presionar a los medios para que se dejen de difundir imágenes que pasan de largo la dignidad humana?, ¿cómo no sentir coraje y angustia con cada nuevo caso de feminicidio que sale a la luz?, ¿cómo no movilizarse y protestar ante la inoperancia y la incompetencia de nuestros servidores públicos?, ¿por qué no señalar y rechazar todas las demostraciones de machismo e indolencia por parte de la sociedad? ¿Cómo no hacer todo lo que haga falta para ser escuchadas y, sobre todo, atendidas?

Después de las manifestaciones de noviembre pasado, AMLO dijo, “No somos represores, no somos iguales a gobiernos anteriores”, sin embargo, las semejanzas no se encuentran en la represión y la censura, sino en la inoperancia y el poco criterio y la evasión de responsabilidades, pues él y sus ocurrencias no deben ser opacados. 

Ellas no son las del problema.

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