En esta cultura actual donde lo que no se ve, no existe. El ocultismo social principal se localiza en la petición de la emancipación feminista, específicamente la extensión de críticas en cuanto a las formas de protesta, o la más reciente supresión del procesamiento penal contra el delito de feminicidio. 

Una realidad es que la manifestación del movimiento apenas comenzó a activarse socialmente, independiente de la visibilización y reconocimiento del fenómeno. Todo parece girar en torno de la incapacidad pública por reconocer el padecimiento de una crisis humanitaria que no se conforma con emplear estrategias que ridiculizan y minimizan el mérito de las mujeres que se expresan múltiples formas en búsqueda de respuestas. También está dispuesto a ignorar el cargo simbólico presentado en acciones como la modificación del Código Penal Federal. 

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A esto se suma un extra; en que la prensa y su constancia por arremeter sin conciencia del impacto que tendrá, utilizó como recurso la revictimización y vulneración de los derechos de Ingrid Escamilla, la joven asesinada por su pareja, causante de la más reciente movilización.

Pese a la normalización de la violencia de género y sus consecuencias, así como catalogar directamente toda acción manifestante de los colectivos como vandalización, la lucha en México dista de hallar una respuesta trascendental para que el movimiento que aparentemente “recibe la atención y comprensión de las autoridades gubernamentales”, no se sienta atrapado en una sala de espera infinita para poder convertirse en prioridad verdadera. 

¿Llegará el momento en que la fortaleza, tomada por la batalla feminista sea digna de analizarse y comprenderse por el ojo público, negado a visualizar los actos exigentes de justicia como mera representación de un sector social harto de no ser tomado con seriedad? 

La réplica obtenida el 14 de febrero, posterior a la imposición de las protestantes reunidas frente a La Prensa, con objetivo de expresar la repulsión causada por el uso de títulos sensacionalistas para vender la nota de Ingrid queda a prueba. El país, liderado por un presidente incapaz de generar un interés social en que las políticas públicas queden dedicadas a la erradicación del problema, se encuentra en el peor contexto para tan siquiera aparentar un avance, dar una señal de progreso en protección, o entendimiento. 

La debilidad en toda respuesta proporcionada por el Estado se conjunta con una masificación en cuanto a la incomprensión de las medidas tomadas por cada manifestante; el replanteamiento de la figura del feminicidio, la exhibición cruda e inmoral de los medios. 

Cada factor parece indicar que México va encaminado a perder la lucha, una donde tal vez no queden suficientes monumentos, paredes, u objetos que muestren el hartazgo de un movimiento feminista que no tiene planeado bajar la guardia.

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