Adivina la película

En las últimas semanas, la lucha libre tomó importancia dentro de los temas de impacto en las redes sociales y en los medios de comunicación. Dr. Wagner Jr, célebre luchador lagunero, con muchos años de experiencia en el ring, perdió su máscara ante un peleador que va en contra de toda la tradición y los estándares de la lucha libre mexicana; Psycho Clown.

A partir de la derrota, la lucha libre se reposicionó como uno de los elementos culturales más importantes dentro del medio deportivo mexicano. Recordamos que los héroes en este país sí existen, y no sólo están presentes en cómics y películas. Entendimos que el pancracio más que un espectáculo, es una representación fibrosa y llamativa  de la efervescencia y la cultura y el folclor del mexicano.

Es por esto que recordé una enorme cinta dirigida por Darren Aronofsky (Requiem for a dream, El Cisne Negro, π) en la que se narra la historia de Randy “The Ram” Robinson, un veterano luchador norteamericano que, por su pésimo estilo de vida rodeado de tables, drogas, alcohol y anabólicos, respiraba y yacía en una lastimosa y decadente situación familiar, social y económica. De haber sido estrella en todo el país, de haber llenado todas las arenas posibles y de haber cobrado miles y miles de dólares por cada presentación, terminó viviendo en un camper, peleando en gimnasios, bares y ferias del pueblo y sufriendo graves problemas de salud.

La línea narrativa de la película te lleva por un túnel que te muestra cómo es que la vida misma puede ir cavando tu propio destino, muestra cómo la lucha libre no es  un espectáculo superfluo y amañado en el que los luchadores fingen y el público vitupera por lo patético de sus lances y golpes.

Independientemente del guión que, a mi parecer, es genial, pienso que Aronofsky buscó, al mismo tiempo, darle el valor que merece a la lucha libre. Quiso mostrarle al público lo difícil y cruda que puede ser la vida de alguien que en su momento fue considerado como una estrella dentro de ese deporte.

Además, nadie pudo haber interpretado mejor el papel de Randy que Mikey Rourke, un veterano actor americano que hizo notoria su gran identificación con el personaje y con su situación de vida.

Tratar de reencontrase con su hija lesbiana, enamorarse de una bailarina nocturna, perder todo su dinero por sus vicios, enterarse de una enfermedad que debería poner fin a su carrera, que es su único motivo para vivir y su real agente de identidad, son algunos de los elementos que rodean a la historia de Randy.

En este domingo palomero, en donde regresó, por fin, la NFL, en donde los huracanes y los terremotos y las estafas maestras del gobierno mexicano y las coaliciones ridículas reinan en los trending topics, es tiempo de distraerse y de disfrutar de una enorme película: El luchador.

 

 



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