La fragilidad de la masculinidad: Mi mujer interna

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Hace algún tiempo en una conversación que sostenía con una amiga de toda la vida, no daba crédito a su imposibilidad de tener pareja. Después de horas discerniendo sobre el tema ella concluyó que tal vez el hombre que necesita no se encuentra en su ciudad, es más, ella mencionaba que ni siquiera pensaba que existía en su región o país y por tanto llegó a ella la idea de que estaba buscando encontrar a su “hombre adecuado” en el lugar no adecuado. Casualmente, dos meses después, deciden mandarla de su empresa a otra sucursal que se encontraba del otro lado del mundo, específicamente en España. ¡Era la oportunidad perfecta de encontrar lo que ella quería!, así que sucumbió ante su emoción y dio esa gran travesía que duró un año. Ella acaba de regresar hace unas semanas y tuvo una nueva conclusión de los hombres: “No es el lugar en donde se encuentren los hombres, son los hombres quienes se encuentran perdidos en sí mismos.”

Esa frase resonó en mí y pensé sin mencionarlo: “¿perdidos?”. Sonaba algo congruente, pues cuando alguien se encuentra perdido no sabe en dónde está, pareciera que está buscando una salida a su condición de perdición que no tiene definida pues tampoco sabe cuál es la salida real; pareciera entonces un laberinto sin salida, un círculo concéntrico sin principio ni fin; como estar en una isla que no tienes conocimiento en dónde se ubica y lo único que esperas es que alguien te rescate, que alguien te indique cuál es el camino para salir de la perdición. Entonces al estar perdidos, ¿el hombre espera ser rescatado? ¿Por quién?; ¿Dónde queda su dominio, su condición de macho, su actividad, creatividad y juicio? ¿Será que ante sentirse perdido, el hombre deje de ser masculino para estar en la posibilidad de probar y vivirse en una condición de feminidad?

En un principio se me hizo un pensamiento algo disparatado pero después pensé en mucho de lo que un hombre hace para escapar de su feminidad, dotándose de una aparente suma de masculinidad pero el efecto a largo plazo siempre los pone de frente con eso que se rehúsan a sentir y entonces terminan reaccionando con agresión y sintiendo las consecuencias de estar perdido: el terrible miedo al abismo de sí mismo que representa la feminidad.

Por ejemplo, pensemos en la cantidad abarrotada de hombres que necesitan saberse con un físico perfecto y para ello son capaces de invertirle “n” cantidad de horas al gimnasio, ingerir “n” cantidad de sustancias que faciliten el crecimiento de musculatura, tomarse “n” cantidad de fotos haciendo oda al narcisismo herido, despreciar por “n” cantidad una relación amorosa y placentera por “no estar preparados” o “porque no es lo que buscan”; elucubrar la idea de la mujer u hombre ideal en “n” cantidad de veces quien tiene que ser perfecto(a)… tan perfecta(o) como ellos creen que son.

Es entonces que entre más estrategias realizan para afrontar su masculinidad o dar ejemplo al otro de ella y no demostrar sentirse perdidos; piensan no necesitar su feminidad pero el inconsciente les engaña y caen en ello, siendo parte indirecta de ella o reaccionando con agresión ante su temor. Suena un tanto “reborujado” pero díganme: ¿No han notado ustedes el lado femenino de tantos fisicoculturistas? ¿Han notado ustedes el comportamiento del hombre millenial ante la competencia laboral femenina? ¿Han notado en una reunión social cómo se ponen sus novios cuando ustedes tienen mayores intervenciones en conversación? O ustedes chicas intelectuales, díganme ¿hace cuánto no tienen una pareja estable? Si no la tienen ¿por qué no la tienen?… Si sí la tienen ¿por qué la tienen? O algunas de ustedes piensen, ¿por qué su novio las dejó por otro hombre? ¿Por qué suele preferir estar con sus amigos? La respuesta es que en la acción encuentra lo que necesita y si no la encuentra al menos huye… misma que es una condición de estar perdido.

Sentir el acercamiento a lo femenino en el hombre da temor, ya que es lo femenino lo que se asocia a la emoción y a los estratos reprimidos en el inconsciente y que adquieren formas inasequibles para quienes no están dispuestos a manejarlos.

El hombre actual tiende a enmascararse, trasvestir su masculinidad a la par de hacer lo mismo con su feminidad. El sentirse perdidos es estar en crisis, es no aceptar aquello que llevamos dentro por temor a demostrar lo que somos o sentimos.

Los hombres a pesar de no querer, somos seres emocionales que vamos ebullendo hacia cambios que no podemos controlar y esto mismo puede ser una prueba basta para su evolución, es decir, no es el hombre narciso, centrado en su masculinidad equívoca, intransigente, imposibilitado para relacionarse afectivamente, temeroso en su individualidad traumática y aberrante el que prevalecerá, sino aquel que sea capaz de contactar con sus emociones más básicas, componerse, superar su complejo de inferioridad ante el sexo opuesto, desarrollar lazos más allá de los límites machistas – culturales de nuestro país; el hombre que evolucionará es aquel que no se someta ante el común denominador, sino que haga la diferencia, el que respeta y es capaz de caminar al lado de otro sin importar el sexo, el género y/u orientación. El hombre que evolucionará es aquel que acepte su lado femenino y que sume a su conocimiento como ser humano, su ser persona y su ser social.

Es la mujer interna lo que le dará al hombre la posibilidad de entenderse, perpetuar, adaptarse y funcionar a partir de su YO verdadero que le permita elegir y NO sucumbir.

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