Domingo Palomero: Mr. Holmes

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“His name is Mister Sherlock Holmes!”, escuchar eso y todavía en acento británico y no sobresaltarse es no tener músculos que se contraigan para erizarse los pelos como las gallinas. El personaje que sir Arthur Conan Doyle gestó hace más de ciento veinte años todavía vive en la imaginación, en la emoción y en las siempre alucinantes salas de cine.

Mr. Sherlock Holmes es la película seria y medianamente lenta que desenvuelve a un Sherlock ya no joven, ni audaz, ni osado, ni valiente, ni ágil, ni valeroso, ni heróico, ni mujeriego; no es el Sherlock que daba la vida por desenvolver un crimen y tampoco es el Sherlock que era inseparable de Watson. Muchos años después de sus hazañas y andanzas, el intrépido Holmes ha perdido a su invaluable compañero el doctor John H. Watson, personaje inspirado en el psicólogo con el mismo nombre y el mismo apellido. Sin su fiel compinche, el detective más famoso de Inglaterra comienza a darse cuenta que los años pasan y la vida también, que ser listo, fijado y analítico puede ser una bendición al principio pero luego se vuelve una condenación cuando a los noventa y tres años los secretos y los detalles pesan más que la edad.

La trama de Mr. Holmes es al mismo tiempo profunda, al mismo tiempo entretenida y al mismo tiempo enigmática y asombrosa que se bifurca en dos historias. Por un lado, el anciano Holmes que es Ian Mckellen, tiene que lidiar innecesariamente con problemas familiares de su ama de casa interpretada por Laura Linney y el hijo de ella, el actor: Milo Parker. El niño es un sherlockholmesito que tiene todo el cerebro para para ser un gran detective e investigador, cosa que él admira mucho del viejo donde trabaja su mamá. Con el tiempo y con el carisma del pequeño y la identificación del anciano, Sherlock comienza a apreciar al niño y a ponerle pruebas de indagación y búsqueda mientras se da cuenta que él mismo empieza a perder los recuerdos, las habilidades y la vida.

Por otro lado, vemos a un Holmes más joven que el de la otra línea, pero aún así ya viejo; un Sherlock que está a punto de dejar el negocio y que decide resolver un caso donde termina por involucrarse sentimentalmente; algo que estaba prohibido dentro de su código moral de detective. Ambas historias terminan por conectarse y entonces se libera un último Sherlock Holmes, ese que le aterra la muerte por cómo ha vivido la vida y le aterra que siendo una de las mentes más brillantes del mundo él también tenga el tiempo contado y la imposibilidad de seguir siendo habilidoso.

Es un peliculón donde presumir a Ian Mckellen es innecesario, los hilos con los que se teje la historia están tan bien escritos que el diálogo te lleva paso por paso al final inesperado. Un personaje leyenda viviendo en la inocencia de la vejez, un hombre que debería ya ser un sabio pero que al contrario se estanca en su narcisismo y en su grandeza protagoniza una de las historias que a mi parecer concibe una grandísima tarde de domingo llena de reflexión, cultura y entretenimiento.

 

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