Domingo palomero: Pink Floyd – The Wall

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Hoy, que el país y sobre todo la capital están vueltos locos por las presentaciones que llevará a cabo Roger Waters a partir del próximo de 28 de septiembre y hasta cerrar con bombos y platillos en un concierto gratuito en el Zócalo capitalino el domingo 2 de octubre, celebraremos estos inimaginables acontecimientos con la recomendación de una de las películas que marcaron con más avidez y prestancia mi juventud: Pink Floyd – The Wall.

Roger Waters fue el genio que escribió el guión de una de las películas más simbólicas de nuestro tiempo. El disco que lleva por nombre The Wall, sirve como guía y estructura de un filme plagado de simbolismos, imágenes y metáforas que introducen al espectador a un mundo utópico, irreal, lleno de eclecticismo e incongruencias que se vuelven cuerdas a partir del caos que vive la realidad.

Si quieren buscar una manera cruda, afianzada, selecta y perfecta para digerir y percibir el álbum The Wall de Pink Floyd, es precisamente viendo la película estelarizada por Bob Geldof, quien se hiciera famoso por una canción fresca, amable y rebelde a la vez llamada I don´t like Mondays.

Recuerdo con la frescura de un agave recién destilado mi experiencia cuando vi este filme. Aquel día tuve el encuentro soñado con Pink Floyd, con lo que significa y con la trascendencia de su legado a través del arte, la protesta y la música.

Roger Waters, Nick Mason, David Gilmour, Richard Wright y en sus inicios, Syd Barrett, construyeron un monstruo que viaja a través del tiempo y del espacio y de las modas y de todo aquello que corrompe o enaltece el arte. The Wall, la película, recrea sensaciones que vive una persona a causa de sus traumas y barreras que se afincan en su cerebro y le construyen un muro que no lo deja volar ni trascender ni ser feliz. La música te arrastra a todas estas experiencias emocionales que golpean, que generan asco, que desesperan, que cansan, que motivan, que estremecen y que redundan en lo majestuoso que fueron y que son los creadores de una agrupación simbólica del siglo XX.

Existe una película que, a quienes no estén tan familiarizados con Pink Floyd, les devolverá involuntariamente esas ganas de sentir y vivir y arrancarse el alma a rasguños. Dado que el filme es de 1982, los efectos visuales pueden lucir algo arcaicos y falsos, pero la música, las actuaciones y la estructura de la historia  los orillará a una experiencia alucinógena sin el riesgo de salir positivos en una prueba antidopaje.

Disfruten en este domingo palomero de una película que los hará viajar a través de las imágenes y la música y, quienes tengamos la dicha de ver y escuchar al gran Roger, valoremos esta oportunidad, porque en muy contadas ocasiones las ficciones y los sueños se hacen realidad.

Como en Redes de Poder somos generosos y promovemos la flojera en domingo, aquí les dejamos el enlace para que puedan disfrutar de esta enorme película:

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