Sábado de cuentos: Casados en la kermés

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Daniel se arregló la corbatilla cuando se preparaba para salir de casa, se arregló los zapatos y el fleco y se puso perfume del que le había regalado el primo, para quedar perfecto se acomodó, sin picarse, la banderita de México en el bolsillo de la camisa. Todo se lo hizo él solo porque su madre no estaba, como siempre, y su papá seguía muerto, como siempre. Tomó el autobús a la escuela y nervioso se guardó en el pantalón la cartilla que le había escrito a Julia la de tercero B. Daniel se veía muy sonriente cuando entró a su secundaria y dio su boleto que le había costado a la mamá veinte pesos. Al primero que vio cuando entró fue a Miguel y luego a Jorge. A los dos les dijo que iba a entregar la carta, los dos se emocionaron y le preguntaron que si podían leerla; como eran sus mejores amigos, Daniel les indicó que fueran al baño, para leerles la carta en voz alta y en secreto. Cuando la carta fue narrada, los dos amigos se quedaron sin palabras, tapándose las bocas, Daniel entonces dijo que ya era hora y salió del bañito para buscar a su novia Julia.

Daniel y Julia llevaban juntos desde primero, anduvieron porque a Jorge le dijo Liliana que a su amiga Julia le gustaba su amigo Daniel. Entonces Daniel contestó a Jorge que le dijera a Liliana que le dijera a Julia que a él le gustaban sus ojos. Julia contestó por medio de Liliana y de Jorge que a ella le gustaba la voz de Daniel. Y así, se dijeron que se gustaban pero sin verse.

Un día Jorge se enfermó del estómago y no fue a la escuela, Liliana tuvo que acercarse directamente a Daniel y decirle que a Julia le gustaban sus nuevos tenis azules. Daniel entonces se atrevió y le dijo a Liliana que le dijera a su amiga que si quería ser su novio, Julia dijo que sí, por supuesto y Liliana fue a decírselo al afortunado.

Daniel y Liliana se hicieron muy amigos porque platicaban todo el tiempo a petición de los novios, platicaron tanto que con el tiempo Liliana se dio cuenta que su amiga Julia tenía razón, que la voz de Daniel sí era muy bonita porque hasta sus gallos se escuchaban dulces, y que la manera de verla también era bella, y que sus manos eran muy suaves cuando le daba una carta para su amiga y que su cabello olía como a uvas con azúcar. Daniel, por su lado, cuando le decía a Liliana que le dijera a Julia que tenía bonitas pestañas y que su sonrisa era como ver las estrellas y que admirar su manera de caminar era mejor que ir al cine y mejor que ir al teatro o a ver un partido de fútbol, en realidad  se lo estaba diciendo a Liliana, violando todo patrón de comunicación aceptado por su edad.

“Lo siento Julia, ya no te quiero, creo que nunca te quise y aunque eres muy bonita, no eres para mí. Te deseo lo mejor y ojalá te enamores de alguien más”, eso le dijo Daniel a Julia en la carta. Julia sí se enamoró de alguien más y fue de Miguel el que se había emocionado por la carta de su amigo porque eso iba a significar que Julia ya no tendría novio.

Miguel y Julia duraron cinco años hasta preparatoria y luego, con la infidelidad de Miguel, se separaron para siempre.

Daniel le entregó la carta a Julia directamente, le dijo que la quería y le dio un beso en el cachete y la abrazó. Daniel había madurado. Después de ello, buscó a Liliana y le besó los labios, luego se arrodilló hasta que la cabeza le quedó en las caderas de Liliana, y le extendió un anillo de plástico empotrado en una esfera también de plástico y transparente. La chica estaba tan impresionada que tuvo que sentarse para decir que sí, que por supuesto y suspirar hasta dejar de asombrarse. Ambos caminaron al registro civil sin licencia de la Secundaria y firmaron un acta donde se comprometían a quererse para toda la vida.

“Liliana, eres la mujer de mi vida, eres la mujer de mis ratos tristes y de los más felices, eres una nube y eres una estrella y eres todas las cosas buenas y románticas que existen en éste mundo. Liliana, quiero casarme contigo porque no quiero existir si no es comprometido contigo, quiero decirte que un día que la vida me va a dar los años para amarte como si no fuera un adolescente enviciado, para quererte no a los quince años sino quince años después, veinte, ochenta, y me va a dar los años para abrazarte hasta que entiendas que nuestro amor sigue siendo sólo el de éstos dos estúpidos que se casan en una kermés de Secundaria”. Liliana lloró, no pudo decir sus votos y sólo observó a Daniel como uno se observa a sí mismo en el espejo sabiendo que esa imagen va a estar toda la vida, le sonrío porque le gustaba la imagen en el espejo y lo abrazó lo más fuerte que pudo abrazarlo.

Daniel y Liliana llevan casados ilegalmente desde el 9 de setiembre de 1981 y ahorita, treinta y cinco años después, no se han casado de otra manera. Están juntos y se aman y Liliana tiene todavía su anillo de plástico en el dedo anular.

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