En México, La Liga Anticorrupción son, exactamente, los superencargados de cuidar a los mexiquenses de Mexicópolis, aquellos que observan y preservan desde la nube más alta, desde el faro de la esperanza, dentro del Satélite de la Justicia, arriba de la Torre de la Vigilancia en la Luna, en medio del mar sobre la Torre Titán  y escondidos en el Santuario Secreto debajo de la tierra. Vienen unos desde el planeta Corruptón, otros desde Fraudulus y otros de la Galaxia Timo, a protegernos con sus báculos de corruptonita y anillos de poder manejados por patrullas verdes y custodiados por los guardianes de la falacia.

Los héroes son Capitán Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, Superconsejo Nacional para la Ética Pública, Comité de Participación Ciudadana-man, La Mujer Secretaría de la Función Pública en materia de Control Interno y Externo, Wonder Autoría Superior de la Federación, La Fiscalía Especializada en Materia de Combate a la Corrupción Jones, Aqua Tribunal Federal de Justicia Administrativa y Profesor Sistema Nacional de Fiscalización. Todos ellos, con sus grandes habilidades y diferentes disfraces especiales, salen los días y las noches a combatir las infidelidades  y justicias mal hechas hacia la Constitución y hacia los millones de México-habientes.

La tiranía del Doctor Corruptus y de Lex Hurtor acecha a la ciudadanía constantemente,  la cuestión es que el despilfarro de poderes en La Liga Anticorrupción los tiene a todos desaliñados y sin saber para dónde buscar a los malhechores; éstos, se escabullen entre las oficinas del estado y se paran en la cocina de las gobernaturas a contar su dinero y a tomarse su café de olla. Los superhéroes hacen juntas constantes en la anticorrupción cueva, hablan de atrapar de una vez por todas a las ardillitas que recorren la ciudad y que se comen las nueces de los habitantes, hablan de rendición de cuentas, de los esfuerzos de la sociedad civil, hablan de prevenciones del delito, de correcciones federales, de auditorías en tiempo real, de investigaciones sobre presuntas irregularidades, de sanciones administrativas para los órganos internos de control, de extinción al dominio de bienes derivados del enriquecimiento ilícito. Termina la junta y Capitán Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción da el martillazo concluyente, luego alguien rompe una taza y en lugar de ir a casa van a hacer sus respectivas labores burocráticas. Amanece un nuevo día y como todos los días hábiles, las semanas de vacaciones, los meses veraniegos y los años bisiestos, el mal vuelve a salir de su Iceberg Lounge y de su Funhouse para volver a aterrar a los superhéroes de nuestra Ciudad Azteca, así, las tinieblas nunca terminan y el limbo inacabable de desgracias vuelve al ocaso de  cada sexenio; y con cada uno de esos, nuevas heroínas y nuevos héroes se agregan a la Liga.

El Sistema Nacional Anticorrupción en nuestro país es un cómic norteamericano, pareciera que las instituciones encargadas se ponen la capa en las mañanas y el calzón encima de los pantalones en las noches y salen a combatir villanos y villanas. Pero también pareciera que no, sino que más bien alguien les picha los baticarros y los trajes de nanofibras de metal líquido, y con eso, los superencargados de la anticorrupción se supertapan los ojos y se superduermen en sus superoficinas para superpretender que están combatiendo el crimen.

No sé si realmente sea así como lo digo, quiero pensar que mi gobierno está haciendo lo posible por combatir el mal y que cuando no se logra, las lágrimas y las nuevas propuestas fluyen como si el mundo fuera a ser explotado por Ultrón o destruido por Doomsday. Pero los años pasan y las peleas se siguen perdiendo,  la fe se sigue perdiendo, se pierde en mis superhéroes, en aquellos que combaten de madrugada y que no duermen por estar buscando la debilidad en lo tenebroso de los tres poderes de la unión.

La cosa es que un pueblo que ha perdido la esperanza en su gobierno, en sus héroes, en sus salvadores, comienza a despreciar al poderoso que no ayuda. Así, por el odio, los mismos ciudadanos producen que el gobierno pierda el interés en proteger al desprotegido.

De modo que nos quedamos todos sin luz, atrapados en la oscuridad de la corrupción.

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