La venganza invisible de Miguel Riquelme contra Torreón

 “Ahora el consentido va a ser Saltillo”, ah, Miguel, es como si hubieras declarado el epitafio de las tumbas que vas a dejar en Torreón.

¿Estoy loco? ¿Es mi imaginación escribir sobre una teoría conspirativa que hitleriza al hombre quien quedó muy apenas de gobernador en Coahuila?

Decidí escribir sobre la venganza invisible de Miguel Riquelme hace algunas semanas cuando mi hermano vino y me dijo que habían asesinado a uno de sus amigos de la infancia, Iván, sin apellidos, que era dueño de un bar buchón en Morelos y Niños Héroes: Bambino. Aquella vez le enseñó primero a mi papá la imagen en su celular de su amigo fallecido sobre su propia sangre, y luego a mí. Era un joven large de la edad de mi hermano que estaba en el suelo de su negocio, con un balazo en la cabeza y un charco carmesí en el mosaico del piso.

Días después, no muchos, viene otra vez mi hermano y me dice que le toca a él usar el carro, que porque unos ladrones acababan de asesinar días antes a los papás de otro amigo suyo de la universidad, cuyo nombre no puedo decir, y que iba a ir al funeral. Ese día, después de las honras, volvió mi hermano a la casa y traía al hijo de los señores. Jugamos Smash Brawl como si fuera una tarde como cualquier otra. Mientras, yo me preguntaba cómo era posible que en un período tan corto de tiempo dos de nuestros conocidos habían sufrido casos tan severos de violencia.

Lo anterior, precuela a una noticia que pronto paralizaría a todos los que votamos en contra del ingeniero Miguel Riquelme: “Miguel Riquelme protesta como gobernador de Coahuila, tras cinco meses de impugnaciones”. El demonio anda suelto y Torreón le había cosquilleado las costillas; en los últimos meses fuimos con más énfasis los ciudadanos e involucrados en la política torreonenses los que estuvimos dándole al seguimiento del Caso Coahuila sobre las elecciones turbias de junio. Eso y la oposición teniendo la alcaldía para un año y luego gran parte del país dándole la espalda al partido del presidente de la república por los numerosos casos de corrupción tricolor, debe tener al PRI nacional y sobre todo al local apretando todos los botones como para dar un patadón desesperado que noqueé a todos los que atentan contra el régimen (ya casi militar).

La venganza invisible de Miguel Riquelme contra Torreón, secuela, nadie sabe, nadie supo, después de que el Tribunal Electoral le diera su regañito de un millón a Riquelme y el susto político del año, sucede el asalto de ayer a Cuatro Caminos, ¿sólo coincidencia? ¿O de veras el menos favorito de los distritos va a estar en la mira de los hombres más peligrosos del país?

Me insisto que no todo es política como pensamos los exagerados que solos nos ponemos la vara en la llanta de la bicicleta y maldecimos a Riquelme por darnos en la madre, que estoy siendo igual de paranoico que Matt Damon en The Good Shepherd, que la inseguridad en diciembre se debe a que los ladrones también merecen aguinaldo y que en realidad sí Fuerte Coahuila es, así, como una declaración neandertal de que Coahuila es ya un fuerte militar.

Recuerdo haber publicado en Facebook durante la campaña de Riquelme algo así como que sus spots en el 96.3 suenan más a amenaza que a campaña porque prometía seguridad en un estado donde se sabe que sus conocidos lideran la inseguridad. Ahora que el hombre al que se conoció de porro cuando estaba en el Tec. Laguna está de líder en el desierto, algunos afortunados capitalinos verán el oasis que les puede regalar si bajan la cabeza y oran por su gubernatura. Mientras tanto, en Torreón, tal vez veamos un arenal, una tormenta de inseguridad que nos puede dejar ciegos y brutos para las elecciones de julio 2018, una venganza que ojalá no desesperance a los que ya levantan la mano y participan para ser parte de la buena política en el estado.



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