Recomponer la defensa de los derechos humanos

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La renovación de la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ocupó la agenda nacional en la última semana y hoy también.

Rosario Piedra legalmente podría tomar protesta hoy como la primera activista en ocupar el puesto del ombudsman nacional. En esencia parece bueno por sus antecedentes sociales, pero el pequeño problema es que el proceso de su llegada no fue precisamente transparente por sus antecedentes como simpatizante del hoy presidente Andrés Manuel López Obrador.

Ya varios colectivos de víctimas la exhortaron a ser congruente con sus ideales y dimitir del cargo.

Lectura recomendada: Colectivos piden a Rosario Piedra renunciar a la presidencia de la CNDH.

En medio de una votación cuestionada (por el extravío de un par de votos de los senadores), tenemos como nunca un proceso desaseado que nos hace pensar que aunque exista una persona con buenas intenciones o conocimientos pudiera ser bloqueada por la burocracia.

¿Antes no pasaba? Claro que sí, pero en esta ocasión se pensó sería diferente porque la mayoría del poder legislativo que decide esa sucesión está ocupado por integrantes de una fuerza que se denomina progresista.

Recomponer el proceso y voltear a ver las ternas propuestas por los colectivos de víctimas y organizaciones no gubernamentales es una obligación si realmente se quiere que la CNDH abandone el camino alejado de las causas sociales.

Es indignante que hoy tarde hasta 10 años en emitir recomendaciones por casos de desaparición forzada (tenemos el caso de dos recientes en Coahuila) y qué mejor asociaciones internacionales acompañaron a las familias desde hace mucho.

La situación en los 32 estados del país no es muy diferente. La tan famosa “línea” está presente en los procesos de renovación de la presidencia y las negociaciones políticas a la orden del día, lo cual implica que las comisiones terminan por servir como un instrumento del gobierno en turno para intimidar a adversarios políticos.

Actualmente sorprende la reacción casi inmediata de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Coahuila (CDHEC) para emitir comunicados y pronunciamientos cuando se trata de una violación a las garantías individuales que comete un municipio o autoridad ajena al partido en el poder estatal.

Incuestionablemente, los abusos policiales o de los tránsitos lo amerita, pero también casos tan cuestionados recientemente como la intervención violenta de un grupo de agentes estatales durante la renovación las elecciones de los campesinos un despepite de Francisco I. Madero.

Hoy los derechos humanos viven una crisis terrible en el país y Coahuila está lejos de ser la excepción. Sería conveniente plantear alternativas para cambiar el esquema prehistórico que domina la selección de las personas de defendernos.

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