¿A poco no…? Año Nuevo: de los buenos propósitos a las acciones efectivas

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¿A poco no sientes que la alegría de recibir el nuevo año te motiva a alimentar el optimismo? Este es un valor indispensable para generar la energía y él ánimo que nos permiten hacer frente a los múltiples problemas cotidianos y para realizar las acciones que nos llevan a lograr nuestros objetivos. El año nuevo es el tiempo propicio para renovar nuestros deseos de ser mejores individuos dispuestos a construir una mejor sociedad, aquilatando las experiencias adquiridas y analizando las actitudes y conductas que asumimos hacia nuestros semejantes.

Tomemos consciencia de que la fama y la riqueza son efímeras y que no debemos perder nuestro valioso tiempo en ir tras de ellas, por lo que debemos esforzarnos por ser humildes, pues humildad significa tener las rodillas en la tierra, y si nos empezamos a elevar, quedemos con los pies en el suelo, sin perder piso ni dejarnos llevar por la soberbia, lo que nos va a ayudar a ser mejores como seres humanos, a ser más fuertes, pero no para ser más grandes que nuestros semejantes, sino para luchar contra nuestro más grande enemigo que somos nosotros mismos.

Los tiempos difíciles que estamos viviendo nos recuerdan que la diferencia entre un hombre común y uno excepcional es que el primero interpreta los problemas y las vicisitudes como una maldición o un obstáculo que le impide alcanzar sus metas, mientras que el segundo los ve como un desafío para su superación personal y para salir aún más fortalecido. Porque las almas grandes tienen voluntad y las débiles sólo tienen deseos, sin olvidar que no puedes ser valiente cuando sólo has tenido vivencias positivas y que no puedes aspirar a ganar si no sabes por qué has perdido.

Una clave importante para entender y disfrutar el valor de la vida radica en saber que la felicidad no está en la riqueza ni la desgracia en la pobreza, sino en el equilibrio emocional, en la tranquilidad espiritual y en la armonía familiar. La posesión de las cosas materiales es efímera, circunstancial, y aferramos a ellas nos aleja de nuestra esencia humana, por lo que, al perderlas, se genera un sentimiento de dolor por haberles dado un valor más allá del que realmente tienen; es decir, por otorgarles un valor emocional, cuando sólo tienen un valor material y, por lo tanto, temporal.

Empecemos el nuevo año con una actitud positiva. Trabajemos con entusiasmo (en su sentido etimológico de tener a Dios dentro), esforzándonos por cumplir con responsabilidad en todas las acciones que realicemos y compartiendo con nuestros semejantes bienes materiales y espirituales. Manifestemos nuestra solidaridad con los que menos tienen y unámonos en la esperanza y la fe en nosotros mismos y en todos los seres de buena voluntad, de tal forma que nuestro compromiso en el nuevo año que comienza, sea pasar de los buenos propósitos a las acciones efectivas. ¿A poco no…?

 FELIZ AÑO NUEVO

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