¿A poco no…? Infancia víctima… y victimaria

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¿A poco no resulta indignante ver a tanto niño que no tuvo la oportunidad de vivir a plenitud su infancia que le fue arrebatada por circunstancias que lo pusieron en una situación de víctima o victimario? Ayer 4 de junio fue el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, y se conmemoró a los infantes que sufren maltrato y violencia de todo tipo. Se celebra desde el 19 de agosto de 1982, año en el que la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó a una sesión de emergencia para trabajar en aras de acabar con la agresión que sufren los niños de todo el mundo. Pero así como hay niños que son agredidos, también están los que agreden.

Preocupa -y debería ocupar- una sociedad que, en su mayoría, observa con apatía y valemadrismo a un menor capaz de empuñar un arma y matar sin piedad por un puñado de billetes. A fuerza de necesidad, ignorancia e insensibilidad, hay una infancia que asesina, después de haber sido asesinada su inocencia, sus sueños y su futuro promisorio, mientras que el resto somos mudos testigos del deterioro social, incapaces de ser parte de la solución y no del problema. Juan Manuel alias ‘El Meme’, de sólo 16 años, es uno de los múltiples casos actuales. Con una pistola calibre 9 milímetros disparó a matar a una agente de tránsito en Nuevo León, el pasado 22 de abril. Habría cometido el crimen por 150 dólares que le pagó el Cártel de Noreste, según reporte de Breitbart News.

Se estima que en México al menos 5 mil 900 menores han sido identificados, registrados y/o procesados en causas penales; es decir, porque cometieron algún tipo de delito, de acuerdo con el Censo Nacional de Impartición de Justicia Estatal 2018. El 28% está en un rango de edad entre los 17 y casi 18 años, 27% entre 15 y 16, y 10% entre 12 y 14 años de edad. Por su parte, Cauce Ciudadano señaló que hay alrededor de 30 mil huérfanos en las cinco ciudades con más incidencia del crimen organizado que no son atendidos; muchos buscan venganza y caen en el torbellino de la violencia. Estos datos revelan la desprotección del Estado mexicano hacia los menores adolescentes sin programas preventivos que involucren y vayan a fondo del entorno en el que viven para evitar que sean reclutados por el crimen, así como la falta de políticas públicas eficaces para la atención y tratamiento de estos menores, lo que aumenta el riesgo de reincidencia criminal.

Deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para tomar conciencia y actuar en consecuencia en torno a este problema. Como sociedad, estamos obligados a actuar con las autoridades para involucrarnos de lleno en este problema que vive un sector de la niñez condenado a la muerte prematura, aportando desde nuestra respectiva trinchera de padres, madres, hermanos, maestros, empleados, profesionistas, empresarios y ciudadanos en general lo que nos corresponde para la construcción de un mañana promisorio y esperanzador que puedan disfrutar todos aquellos menores destinados a una infancia en la que son víctimas… o victimarios. ¿A poco no…?

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