¿A poco no…? La cultura de la muerte y el valor de la vida

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¿A poco no es alarmante el acelerado incremento en los índices de suicidio a nivel nacional, estatal y regional? Por desgracia, este fenómeno no es nuevo; ha estado presente desde los tiempos más remotos de la historia de la humanidad. Fue sólo hasta la llegada del cristianismo en que se puso un alto a los actos suicidas, bajo la premisa de que sólo Dios podía disponer de la vida; pero la condición humana es impredecible y aun cuando el fenómeno se redujo en las sociedades cristianas, no desapareció por completo.

Según con la OMS, México –con un profundo arraigo de la cultura de la muerte- ocupa el 8° lugar en suicidios y ha aumentado de manera considerable en los últimos años, sobre todo en jóvenes y niños. Igual sucede en nuestra Comarca Lagunera. La crisis de valores de la humanidad es producto de la transformación acelerada de la sociedad posmoderna, que se jacta de no creer en nada, pero a la vez, por paradójico que parezca, cree en todo.

La sensación de vacío interior, el sentimiento de no tener para qué o por quién vivir, el aniquilamiento de la autoestima y el síndrome anti-existencial explican, aunque no justifican, la tendencia de los suicidas a perderle el miedo a la muerte, a carecer de las agallas suficientes para enfrentar las situaciones adversas y a no tener en el corazón y en el espíritu el valor de vivir, tomando la decisión extrema e irreversible de emprender el viaje sin retorno.

Lectura recomendada: ¡Día de muertos!

De ahí la importancia de tomar conciencia de que ya es tiempo de volver la vista a los valores intrínsecos, espirituales y morales para apreciar todo lo que la vida puede tener para nosotros y que no necesariamente se refiere a las cosas materiales. Como decía “El Principito”, de Antoine de Saint Exupery: Sólo con el corazón se puede ver; lo esencial es invisible para los ojos.

Aprendamos a ver con el corazón las cosas sencillas pero bellas de la vida para cambiar el deprimente panorama de las tendencias suicidas por el promisorio y alentador horizonte en el que vislumbremos el afán por alcanzar nuestros sueños y que, en estas vísperas del Día de Difuntos, el amor por la existencia nos lleve a apreciar en toda su magnitud el significado de la cultura de la muerte y el valor de la vida. ¿A poco no…?

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