Texto vía Ruta Norte Laguna

Nadie, ni la biblioteca mejor nutrida ni nadie, tiene todo lo que se ha publicado sobre Miguel de Cervantes y su obra. Esto se debe a que si bien los libros del Manco caben en un obeso tomo de Aguilar, la crítica producida por tal corpus es inabarcable, acaso la más grande que en el reino de este mundo hay sobre un autor y su quehacer escrito. Dedicarse pues a reunir las publicaciones sobre Cervantes es abrir la puerta a una labor que no tendrá término, como bien lo sabe mi amigo Juan Antonio García, cervantista lagunero que a lo largo y ancho de su vida ha tratado de acopiar todo lo que al respecto ha podido; el resultado de su esfuerzo es mucho y al mismo tiempo, ya podemos suponerlo, es nada, pues —como adjetivo en el título— Cervantes es inagotable.

Esta imposibilidad no representa, sin embargo, una desgracia. Pese a que, no sin fervor, los cervantólatras sabemos de antemano que apenas podremos dar “un llegue” a la obra escrita en torno al autor del Quijote, es una felicidad saber que en silencio, sin apuro mediante, vamos recogiendo aquí y allá, donde sea, todo lo que encontramos a nuestro paso sobre su vida y sus libros. Hago notar que la palabra “felicidad” escrita líneas arriba no es excesiva, pues sé, lo he visto y lo he vivido, que la convivencia con este hermoso ser humano nos alegra y nos eleva el ánimo, pues tal vez pocos escritores vivieron una vida tan convulsa y al mismo tiempo nos dejaron en abundantes páginas una lección más pura de entereza, verticalidad y buen semblante ante las adversidades.

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Tres, quizá cuatro, son los libros que sobre Cervantes encontré en 2019. Uno de ellos, Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía, es criminal, un peculiar periplo biográfico de 467 páginas publicado por Taurus en 2016. Lo hallé a 69 pesos, vaya rareza, en un anaquel de saldos de Mixup, y poco después lo vi al mismo precio en Gonvill, donde supongo que todavía hay. Su autor es Jordi Gracia (Barcelona, 1965), quien con la mejor prosa deambula los contextos físicos y espirituales por los que el Manco se movió. No ofrece aparato crítico, notas al pie con ibides y todo eso que suele crear, a veces de manera fetichista, la idea de rigor académico, pero en el flujo de cada párrafo deja ver un fondo de erudición que nos lleva y nos trae por la España, la Italia y el Argel que cupieron en suerte al biografiado.

Atravesar este mar de páginas es un deleite por la prosa, como ya dije, por la erudición, como también ya dije, y sobre todo por el sujeto que ocupa aquí el centro de la escena.

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