Asalta la palabra: Charla con Gabriel Castillo Domínguez

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Por Erald Aguilar

En el mes de octubre del año pasado, se presentó en diferentes foros el libro Tomar la palabra II, del profesor Gabriel Castillo Domínguez. En el dos mil siete ya había pasado por la imprenta el primero de esta serie, editado por la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED). Estos libros tienen la característica de ser un recopilado de sus columnas publicadas en un periódico regional. El docente de cuarenta años de servicio a la Educación Pública, organizó el libro en cinco temas: Magisterio, Educación, Sociedad, Política y Cultura.

Al estar inmiscuido con el ámbito educativo, me causó inquietud explorar este libro. Además considero justo solidarizarme por el gasto que implica una publicación de autor. Ya con el ejemplar en mis manos pensé de inmediato en escribir una reseña, pero el escritor lagunero Jaime Muñoz Vargas ya realiza esa tarea de forma concisa y maciza en el prólogo/presentación: Tomar la palabra: lucha por pensar y ejercer la educación.

Este libro lo leí no como se lee una novela, sino como se lee un libro de poesía: a mordiscos. Un día le daba un entre a la sección de Política, y otro día a la de Educación; después lo dejaba descansar dos días, y aprovechaba los ratos libres para pensar en cómo desentrañar ese rectángulo de trescientas ochenta y ocho páginas.

Después de darle vueltas y vueltas a mi pensamiento, estructuré una entrevista en tres ejes. Aquí el primero:

El perfil del docente para el Siglo XXI

Erald Aguilar: En el primer artículo del libro, titulado A los jóvenes maestros, habla del perfil del nuevo maestro, inclusive metaforizando que los nuevos maestros deben de tener un corazón ardiente. ¿Cuál es el perfil de los nuevos maestros que han ingresado al sistema educativo?

Gabriel Castillo: La frase “Corazones ardientes” la tomo de Albert Camus cuando él se dirige a los jóvenes. A mí me parece que en el nuevo magisterio, hasta cierto punto, hay falta de compromiso con su profesión. Los jóvenes maestros deben de ser más críticos. No deben de buscar una zona de confort; deben de buscar retos, ser abiertos a desafíos formativos, de trabajo, intelectuales y que crean posible modificar las condiciones de nuestro entorno. Yo rescataría mucho el tema de la cultura general en las nuevas generaciones. Se ha perdido lo que viví en los setentas en donde los jóvenes eran lectores de filosofía y de literatura.

La grilla es un nivel bajo que se desvirtúa: la política tiene que ver con definición de hacia dónde quieres llevar un proceso.

EA: Le puedo agregar al diagnóstico de los nuevos maestros que hay falta de identidad sindical y despolitización, aunque en pláticas con compañeros hemos caído en la idea de que los nuevos maestros sí están politizados, pero por corrientes de derecha: ¿Puede profundizar más sobre estas ideas?

GC: Pensar que no le deben nada a una organización sindical es una tendencia en los jóvenes maestros, pero eso no quita la necesidad de que los trabajadores estén organizados en un sindicato. Uno puede ganarse su plaza con un examen, pero al mismo tiempo ser un trabajador sindicalizado que luche por defender sus derechos. Respecto a la despolitización que comentas, siempre he estado convencido de que hay una gran diferencia entre hacer política y hacer grilla. La grilla es un nivel bajo que se desvirtúa: la política tiene que ver con definición de hacia dónde quieres llevar un proceso, ya sea educativo, social, laboral, familiar. La política tiene dos aspectos: la intencionalidad y direccionalidad. Cuando se tenga claridad en estos dos aspectos, se estará haciendo política (…). Los maestros deben de incorporar a su trabajo no sólo la dimensión pedagógica y social de su tarea, sino también la dimensión política (…). Hablar de política es hablar de un universo más grande que los partidos. Éstos han querido monopolizar la política y los ciudadanos lo hemos permitido. Entonces los maestros debemos de asumir conciencia de clase. Somos trabajadores asalariados y eso no se nos debe de olvidar. Cuando tenemos claro que debemos politizar la pedagogía y la educación, tendremos claridad para definir qué tipo de educación queremos, cómo queremos que sea nuestro sistema educativo, qué clase de escuela queremos, hacia dónde las queremos llevar y qué clase de alumno deseamos formar. Esto también es hacer política.

EA: En los artículos fechados en el 2015 y titulados “Movilizaciones magisteriales”, menciona dos aspectos que tienen relevancia con el perfil del docente para el Siglo XXI. Escribe sobre manifestaciones en la región que rechazan la Reforma Educativa, pero también habla de la formación del ahora extinto Observatorio Educativo de la Laguna. ¿Activismo o academia, profesor?

Me Identifico con Albert Camus y con José Revueltas en su concepto de rebeldía

GC: En pláticas con un investigador duranguense, me comentó que la izquierda siempre va a tener su lugar en la lucha social, en las calles, en las protestas, pero la izquierda también debe de ser inteligente, una izquierda que construya proyectos educativos. Y para lograr esto, necesitas tener formación. Soy partidario de combinar la movilización cuando ésta se justifica. Me identifico con Albert Camus y con José Revueltas en su concepto de rebeldía. La rebeldía es oponerse a las injusticias de manera permanente, es la capacidad de indignarse y de luchar en contra de lo establecido. Hay una combinación necesaria entre la capacidad de hacer la lucha social y política, como movimientos y protestas con el estudio y con el trabajo académico; porque la mejor defensa de un individuo es su trabajo y su formación. La lucha no debe de ser un pretexto para abandonar nuestras labores y responsabilidades con nuestros alumnos.

EA: Identifiqué en este libro un antes y un después. Un antes de que fuera funcionario y ahora que está en un puesto público en el sector educativo (Dirección de Servicios Educativos, Subsecretaría de Educación Región Laguna). ¿Cuál es su diagnóstico respecto al perfil del magisterio lagunero?

GC: Aunque sean cuestionables, los resultados que nos demuestran las pruebas estandarizadas, son un indicador. Andamos mal en lectura, escritura y matemáticas. Aquí hay un problema relacionado con la formación de los maestros. He constatado desde que estoy en esta responsabilidad que los maestros se quejan de no tener formación para la planificación ni para el análisis y diseño curricular. Hay un problema de didáctica. Por otro lado, debemos rescatar de la escuela tradicional mexicana aspectos ligados con la formación, no sólo con la instrucción. La formación tiene que ver con cuidar los hábitos y actitudes de los alumnos, que hoy por hoy esto ha venido a perjudicar los ambientes escolares. Y también las actitudes de los maestros. Encontramos un número importante de maestros que cometen actos indebidos en cuanto a su conducta. Son cosas delicadas que no deberían de pasar. Se requiere de maestros con equilibrio emocional. Entonces vemos maestros que han descuidado el conocimiento psicológico, el didáctico y con problemas de conducta.

Asaltaré la palabra de nueva cuenta para traerles una segunda parte.

Este diálogo con el profesor Gabriel Castillo me dejó satisfecho ante la fluidez de sus ideas, y la convicción de quien lucha por transformar la Educación Pública desde diferentes espacios. En muchos puntos coincido con él. Por ejemplo en ese diagnóstico de los maestros que recién han ingresado al sistema educativo: en lo poco que he alcanzado a ver desde mi incipiente experiencia, también he visto un nuevo magisterio que no le ha encontrado una función social a su práctica educativa; que más bien enfocan su praxis en la individualidad o en la función quincenal de la educación.

La experiencia de Gabriel Castillo Domínguez, lo lleva, en esta entrevista, a opinar sobre qué es la política. Nos deja una gran lección, ya que también he observado en el magisterio una desorientación en su concepto de política. Inclusive, muchos de ellos juegan orgullosamente del lado de la neutralidad, pero ésta puede jugar del lado de intereses ajenos al sujeto, logrando enajenarlo. Pero, ¿cómo logrará esto el magisterio, si muchos de los nuevos maestros provienen de licenciaturas ajenas a la educación, en donde los han formado bajo una razón instrumental[1]? (Ana Hardison define la razón instrumental como una especie de barbarie donde lo que importa es producir beneficios económicos, aún por encima de la desigualdad y la robotización del hombre).

Aquí no terminan las reflexiones de esta charla con Castillo Domínguez. Asaltaré la palabra de nueva cuenta para traerles una segunda parte, en donde el lector se encontrará, se pondrá en jaque, y si le va bien, tomará una postura ideológica en su práctica.

[1] Hardison, Ana. Apuntes sobre la educación, la información y la filosofía, en el marco del humanismo. Cuadernos del Ateneo, p. 25.

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