COLABORACIÓN: Cultura del Silencio, ser mujer en México, por Claudia Soto

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Todos los días le dedico unos minutos a las redes sociales, ya sea para estar al pendiente de los amigos y familiares, o para revisar la sección de noticias de las páginas en las que soy seguidora. Al darme cuenta de la gran cantidad de niñas y jóvenes que son agredidas a diario, debo confesar el terror que me invade al tener una hija adolescente, viviendo en un mundo en el cual no puedes confiar en nadie. Las situaciones de violencia sexual son noticia cuando existe un daño irreversible.

     Hace unas horas, leía las decenas de publicaciones que los diferentes medios hicieron sobre el caso de Karla Souza, actriz mexicana, quien denunció haber sido víctima de violación en los inicios de su carrera. Es sorprendente el revuelo que hay en torno a esta declaración, cuando todos los días ocurre en nuestra ciudad, en nuestra colonia, en nuestra calle. Quizás parezca exagerada esta afirmación; pero es una realidad que los hombres y mujeres somos educados de diferente manera en torno al tema de la sexualidad.

     Hasta hace una o dos décadas, hablar de sexo con la familia era un tema prohibido. Recuerdo que alguna vez tuve curiosidad y pregunté algún detalle de la menstruación, mi madre me contestó que debía esperar la plática escolar. Me costó muchos años, experiencias personales y situaciones incómodas, darme cuenta que había aprendido a callar. Lo bueno es que todo se puede desaprender. Es doloroso entender cómo una situación tan sencilla como escuchar a tu jefe hablar de un tema incómodo en la oficina puede obligarte a cerrar la boca y pretender que no ha ocurrido. Tener el valor para contarle a alguien que has sido acosada o agredida sexualmente, parece cada vez más difícil cuando la misma sociedad minimiza los hechos, culpa a las víctimas y hasta las convierte en responsables de la agresión.

     La campaña llamada “Me Too”, iniciada en Estados Unidos en 1996 donde actrices revelaban haber sido víctimas de acoso sexual, impulsó muchos otros movimientos que permiten, hoy en día, tener mayor apertura a las denuncias en este campo tan oscuro en México. El 20 de febrero, se dio a conocer públicamente una entrevista en la cual Karla Souza habló de un incidente suscitado hace doce años. Inmediatamente se cuestiona la relevancia de esta declaración, puesto que el mundo de la farándula ha convertido a la mujer en un objeto comercializable. Allá por el 2014, la misma actriz mexicana confesó haber utilizado su “belleza” para obtener algunos papeles en proyectos cinematográficos y utilizando sus propias palabras, diversos medios de comunicación, han iniciado una cadena de desacreditación a la denuncia que ésta figura pública está haciendo. Si esto pasa con las personas que tienen la atención de las cámaras, ¿qué será de quienes vivimos en la sombra de la cotidianeidad?

     La cultura del silencio que se arraiga en sociedad mexicana afecta a todos los sectores de la población. El acoso sexual es todo acercamiento íntimo que haga sentir incómoda a una persona, ya sea hombre o mujer. En las escuelas, entre los jóvenes se dan casos poco atendidos por las autoridades educativas como que los muchachos utilicen la cámara del celular para tomar fotografías debajo de las faldas de sus compañeras, hasta tocamientos inapropiados que se fingen como accidentes, charlas obscenas en los grupos escolar, etcétera. Todo ello es pasado por alto: primero, porque las mujeres no denuncian, les da vergüenza, se sienten vulnerables y poco protegidas; y segundo, por la falta de información respecto al tema.

     Debemos estar conscientes de que las actrices no son las únicas que sufren acoso, agresión y violaciones sexuales. La cultura del silencio en México nos ha mantenido calladas sobre las situaciones que vivimos diariamente. La educación sexual es un derecho que además de enseñarte las funciones biológicas de tu cuerpo, también debe abordar los procedimientos de acción para las situaciones de agresión sexual, enseñar a los niños a respetar a las mujeres bajo un parámetro de trato igualitario; y aunque también hay hombres que son víctimas de este mal, la mayoría son mujeres desinformadas a las que les han enseñado que sus partes íntimas son sucias, que ellas son las culpables de ser acosadas verbal o físicamente por ser bonitas, o simplemente por ser mujeres; y ésta es la peor parte: ser culpable por haber nacido con uno u otro género.

    Pensemos un poco en el futuro de nuestros hijos y rompamos la cadena de transgresión cultural que se ha transmitido por generaciones sobre no hablar de las situaciones sexuales no deseadas de las cuales, sin duda, hemos sido víctimas.

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