El miedo y la culpa, o la empatía y la solidaridad

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La información que ofrecen las redes sociales y medios de comunicación tradicionales todos los días encuentra mayor o menor réplica en la medida en que logra conectar con el contexto de quienes consumimos los mensajes. Su circulación también se relaciona con el tratamiento de cada tema, en términos editoriales. Así, encontramos que los diarios de mayor circulación son, comúnmente, los de carácter más sensacionalista.

Vender miedo es un buen negocio. Encuentra un campo fértil en las sociedades más vulnerables económica, social y educativamente hablando. Esta realidad es conocida también en el ámbito de la comunicación política, y explotada en discursos de campaña o para legitimar acciones cuestionables de los gobiernos. En la película de Pixar, Monsters Inc., este síntoma de manipulación mediática es retratado con una buena dosis de humor: el CEO de la compañía generadora de electricidad sabe que los niños humanos no son en realidad tóxicos ni peligrosos, pero utiliza el miedo y la ignorancia para diseñar el perverso plan.

A propósito de esa película, recién veo un meme en redes sociales de la icónica escena en la que un monstruo asegura que un niño voló y disparó su rayo láser. El meme alude a los miles de comentarios en redes sociales de mexicanas y mexicanos respecto a la caravana de migrantes centroamericanos que recién empezaron su tránsito por nuestro país, hacia el norte. “Un hondureño voló, y me quitó mi trabajo imaginario”, dice el meme que ya cuenta con otras versiones similares.

El miedo que genera el desconocimiento de este y otros fenómenos, es capitalizable. Pero también la culpa es un gran catalizador de emociones cuando no se filtran por el razonamiento, o se carece de conocimientos suficientes sobre el contexto. En el lado radicalmente opuesto a la descalificación de la migración, de la criminalización de la pobreza, del rechazo tajante a lo distinto, se encuentra la caridad y un apoyo irreflexivo, sin posibilidades de incidencia, que genera asistencialismo de coyuntura, de oportunidad.

En tiempos de crisis como desastres naturales, éxodos, hambruna extrema, sin duda el donativo resuelve las necesidades inmediatas. Pero difícilmente se abren las puertas al cuestionamiento –mucho menos al intento de solución- de las problemáticas indirectas o estructurales que generan la aparición de estas crisis de manera reiterada, sistemática.

Tampoco podría ni debo generalizar, ciertamente, pero me ha resultado especialmente incómodo formar parte de grupos que se interesan por “ayudar” recolectando alimentos o ropa (que regularmente no son otra cosa sino sobras) y descubrirles en sendas fotografías de cuerpo completo entregando el donativo, abrazando a un niño casi desnutrido o junto a una señora que no puede ni fingir la sonrisa para aparecer en la publicidad.

Por ello mismo también resulta complejísimo vindicar el trabajo de quienes trabajan fuera del foco, de manera organizada, cuestionando, proponiendo, actuando. Se le suele desacreditar como un “verdadero trabajo”, así que normalmente está sujeto a la disponibilidad del voluntariado. Quienes se han formado en la defensa de derechos humanos, saben de las dificultades a las que me refiero. El financiamiento de proyectos a largo plazo, cuyas metas están en los propios procesos, es una especie en peligro de extinción, a la que sólo las organizaciones más grandes en términos de visibilidad y capacidades tienen acceso.

Las personas normalmente estamos dispuestas a solidarizarnos con quienes son menos afortunados, mientras esa solidaridad no cuestione nuestros propios privilegios. Esa perspectiva no es reflejada por los medios. El mensaje que nos llega con mayor facilidad es el que insta al miedo y provoca más discriminación o romantiza la desigualdad.

Postdata

Es un gusto para el alma recorrer con la caravana el camino de empatía que han ido encontrando, justamente, arropados principalmente por otras y otros que tampoco tienen dinero, que también han sido despojados, que también han sido la carne del cañón de los conflictos en México.

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