Los últimos 100 días

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Puede decirse mucho de los primeros 100 días de un gobierno.  Participan alegremente los que integran el proyecto. Ofrecen los avances con resultados alentadores.

El entusiasmo continúa tanto no esgrimen los grilleros, los sesudos que descalifican cuanta acción o intención buena haya en él camino.                                                                    El ánimo de fiesta se esfuma a los ojos de los pesimistas, esos amargados que todo arruinan. Esos insatisfechos emocionales siempre buscan o tienen razones para vociferar, muy seguramente tienen problemas mentales toda esa bola de disgustosos, porque nada les parece ¡caray! Quejosos con argumentos, cual pretensión desquicia en criticas punteras. Los aciertos son apenas minucias, viven convencidos de que el gato tiene cinco patas y que además está encerrado. No hay dato que no tengan, situación que no recuerden para restregar y evidenciar.

El tono del debate, marca la agenda e identifica a los actores políticos que más figuran del pelotón, ciertamente para cuestionar sus luchas. En alianza o parlamento atizan las banderas de los sectores que representan. La intensidad de la réplica pugna entre defensores y ofendidos.

En el entendido del dicho al hecho, gobernar para todos, es algo más que una estrategia política, es un acto de renuncia a la soberbia y a la obstinación.Administrar la necedad es lo menos importante para el optimista que ruge o ladra.

El ejercicio de los 2,090 días que restan será para macerar las realidades, a reserva de que la gobernabilidad, la responsabilidad y la estabilidad efectivamente hayan ido de la mano.

Porque los últimos cien días es el final del balance de fuerzas. Los platos rotos habrían sido pagados.

He aquí cuando la lectura de lo posible hace evidente a los ganadores y a los perdedores.

De nueva cuenta todo resurge.                                                                                                                                                                                                                            MORENA, llegó al gobierno y se hizo de poder. De bases fundamentalmente de izquierda, adhesión centrista y hasta derechista, de un armado político heterogéneo, personajes comunistas, otros liberales progresistas, también conservadores, sumados los ex partidarios y los convencidos que están ahí por folio incluido.

Un “bloque histórico”, de movimientos sociales libertarios, campesinos, empresarios, trabajadores, indígenas, mujeres que luchan por sus derechos y hasta mujeres más conservadoras, todos, aglutinados en torno a un proyecto “democrático con sentido social”.

«No digo que los optimistas sean siempre fatuos, pero los fatuos son siempre optimistas. No logro separar en mi mente la ciega confianza en la providencia histórica o teológica de la vanidad de quien cree que es el centro del mundo y que todo sucede por indicación suya. Respeto y aprecio, en cambio, al que actúa bien sin pedir garantías de que el mundo mejore y sin esperar, no digo premios, sino ni siquiera confirmaciones. Solo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber» Palabras de Norberto Bobbio.

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