Pasta de Conchos: un campamento más contra el olvido

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Chinga de noche, chinga de día. Ay, cómo chinga la burguesía. Esta fue una de las consignas que se corearon durante la marcha conmemorativa de la explosión en las galerías de mina 8, Unidad Pasta de Conchos, en Nueva Rosita; Coahuila. Manifestación que exige castigo a los culpables y el rescate de los cuerpos de los mineros fallecidos en este acto de negligencia y omisión a las medidas de seguridad en esta mina de carbón.

Este 18 y 19 de febrero, acudí en representación de la Coordinadora Nacional Estudiantil, junto a profesores de la CNTE y el Colectivo Ricardo Flores Magón, desde la Comarca Lagunera a la ciudad vecina de Nueva Rosita, al onceavo campamento y marcha que conmemoran un año más de lucha para no olvidar a los mineros sepultados bajo toneladas y toneladas de escombro, corrupción y acuerdos en lo oscurito entre sindicatos, empresarios y los tres órdenes de gobierno.

El 19 de febrero de 2006, bajo el gobierno de Humberto “El profe” Moreira, ocurrió la tragedia que enlutó a las 65 familias de los mineros que laboraban para Industrial Minera México S.A. de C.V. El accidente ocurrió a las 2:10 de la mañana, mientras desempeñaban sus funciones los 73 trabajadores del turno nocturno, de los cuales, 8 fueron rescatados con vida, pero con heridas y quemaduras serias. Los otros 65, quedaron sepultados en el interior de la mina y sólo se logró la recuperación de dos de los cuerpos. A 11 años de aquel acontecimiento, 63 cuerpos siguen sepultados en la mina, haciendo que las viudas y demás familiares, sufran un proceso de duelo infinito, al no dar una sepultura tradicional a los cuerpos de los mineros.

En las galerías de la mina, no sólo permanecen los cuerpos de estos trabajadores, permanecen las pruebas de las mínimas condiciones de seguridad en que laboraban los empleados; permanecen las huellas del esclavismo actual, de la explotación, y a estos gigantes empresariales no les conviene que se desentierre algún tipo de evidencia, por eso es que la boca de la mina aún sigue sellada.

Aunque Industrial Minera México S.A. de C.V., empresa filial de Grupo México, después del accidente, haya presentado un informe donde afirma las condiciones óptimas de seguridad registradas durante el turno anterior al siniestro, hay testimonios de trabajadores que laboraron durante ese turno y desmienten el informe.

Héctor Lejía, trabajador del departamento de mantenimiento, asegura que durante el turno anterior no hubo producción, debido al daño en el malacate y las telesillas (especie de elevador utilizado para que los trabajadores bajen a las galerías de las minas). Asegura que le ordenaron cambiar el minero I.B.S., (taladro mecánico que les ayuda a escarbar superficies rocosas). Además, manifiesta que tres locomotoras estaban dañadas, dos en el interior de la mina y una en el exterior. También confirma los altos niveles de gas metano, y todo esto fue reportado a los supervisores del siguiente turno.

Debido a estas condiciones, Héctor Legía se fue convencido de que los trabajadores del siguiente turno no bajarían a las galerías de la mina, sin embargo, cuando regresó a trabajar en el primer turno, se enteró de la catástrofe y supo que jamás volvería a ver a sus compañeros. Legía renunció un mes después, ya que no quiso pasar por la misma situación de sus compañeros.

En el año 2015, en el campamento conmemorativo, participaron estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, con la finalidad de manifestar solidaridad a las viudas y unificar las luchas que se están gestando a nivel nacional. Con el mismo compromiso, este año acudió una comisión de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos por el Estado en el año 2014.

Durante el campamento una de las viudas, me comentó, con una voz que se le quería desquebrajar y los ojos llorosos, que le daba gusto ver a mucha gente de otros estados, ya que cada ocho días, ellas acuden a la entrada de la mina para hacer acto de presencia y exigir la extracción de los cuerpos de sus familiares, pero les resulta desgastante porque sólo acuden las familias de 15 de los mineros caídos. Las demás sólo acuden en días simbólicos, como el día del minero o los días 19 de febrero de cada año.

En el campamento pude observar la solidaridad sincera de los integrantes del Partido de los Comunistas de Saltillo y una de las fracciones de la Juventud Comunista, que han estado de cerca en la lucha de las viudas desde hace algunos años.

También observé a muchos integrantes del sindicato de mineros, de diferentes secciones y estados de la República, con una politización sectaria y una idealización de su líder Napoleón Gómez Urrutia, quien está exiliado en Canadá desde el año 2006, acusado del desvío de 55 millones de dólares del fideicomiso de los mineros. Este será un tema que dejaré a juicio del lector, porque también está la contra-versión de la cacería política. Lo que sí, es que me gustaría ver al sector minero comprometido en la lucha nacional en contra de las Reformas Estructurales.

También habrá que estar al pendiente de los mineros de Zacatecas que, en este mes de febrero, han amagado con desatar huelgas en minas de diferentes municipios del estado, dependiendo de la respuesta que les brinden las autoridades sobre el amparo que se interpuso ante el impuesto de responsabilidad ambiental.

Habrá que revisar las condiciones en las que trabajan los mineros en todo el país y revisar en la historia la importancia de los movimientos mineros, como lo es el caso de la huelga de 1906 en Cananea; Sonora, que ante las condiciones infrahumanas de trabajo imperantes, se desató una huelga que terminó con el logro de las jornadas laborales de 8 horas que hoy en día disfrutamos los mexicanos.

Sin duda, la tragedia de Pasta de Conchos se pudo evitar. Desde el año 2000, la constante fue la sobreexplotación de carbón, y esto provoca la concentración de altos niveles de gas. Los trabajadores eran obligados a realizar trabajos que rompían todos los manuales de seguridad, pero si no se cumplían las indicaciones, los trabajadores eran sancionados.

Esto responde a un modelo neoliberal de explotación, tanto como de los recursos naturales, como de la mano de obra de los trabajadores, y resulta indignante que todo esto se realiza en contubernio con los gobiernos estatales y federales. Por esto, durante la marcha grité fuerte con una convicción plena: Chinga de noche, chinga de día. Ay, cómo chinga la burguesía.

Fotografía extraída de la revista Proceso en su versión digital.

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