Pintar los suelos

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Foto: El Siglo de Torreón

A inicios de mayo me encontré, en pleno Festival de la Cerveza, a una amiga arquitecta que trabaja para la Presidencia Municipal y platicamos algunos aspectos técnicos sobre el asunto de la pintura en el suelo de la Plaza Mayor. Omito su nombre y su cargo porque lo que platicamos no fue una entrevista formal para medios, sino una charla amistosa y con cervezas de por medio.

Los puntos de vista en que coincidimos son que, en realidad, no existe material pictórico que resista de forma permanente la intemperie lagunera. La exposición a la salvaje luz solar acabará por degradar los colores, además de que a la explanada asiste un flujo constante de peatones, ciclistas y patinadores que aumenta de forma considerable cuando se organizan actividades colectivas como los conciertos que, además, implican arrastrar sillas, enrejados metálicos, tarimas y demás estructuras. Todo esto, sumado al lavado frecuente que será necesario para retirar la suciedad, va a terminar por estropear la capa de pintura.

Otra cuestión a señalar es la no muy estética costumbre a cubrir con una capa de pintura los materiales originales. Es decir, es mejor y da mejores resultados estéticos respetar las características de construcción naturales. Eso de pintar sobre el concreto estampado equivale a hacer una escultura de madera de ébano para terminar pintándola de blanco. En otros puntos de la ciudad también han hecho esto: los adoquines de los camellones de la Calzada Saltillo 400 y del Paseo de la Rosita han sido cubiertos con pintura gris. Lo correcto era barrerlos nada más o, en su caso, darles una mano de pintura rojiza muy rebajada en agua para avivar su color natural.

Ya metidos en detalles más técnicos, saqué a colación lo que cuenta el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros en su biografía acerca de las dificultades a que se enfrenta al realizar los primeros murales al exterior de la historia, a inicios de la década de los 30’s. Siqueiros contó con la valiosa asesora de Richard Neutra, el famoso arquitecto de origen austriaco radicado en los EUA. Neutra le explicó a Siqueiros que al pintar sobre una superficie de hormigón o concreto en el exterior, las diferentes maneras de contracción y dilatación de ambos materiales acabarán por sacudir al material más débil.

Aunque las modernas pinturas epóxicas son elásticas, las condiciones de desgaste extremas ya enumeradas terminarán por destruir la capa pictórica. Habrá que estar pintando y repintando con frecuencia lo que representaría, por supuesto, una erogación constante. Por su parte, mi amiga arquitecta me explicó que para la permanencia, se deben usar desde el principio materiales cuya naturaleza sea colorida. Por citar una muestra, la acera del Hotel Elvira, conocido ahora como Palacio Real, situado por la Morelos frente a la plaza de Armas. Ahí no hay ninguna necesidad de estar retocando.

Por si esto fuera poco, aquí en Torren ya hubo hace pocos años un ejemplo de ‘pintura mural’ en el suelo (pintura suelar, en estos casos), la decoración en el paseo peatonal de Cepeda y Juárez, realizada durante la admon de José Ángel Pérez y que por, supuesto, no resistió más que unos cuantos meses y ya ha desaparecido.

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