Qué aprendí en un año, diez, treinta o un día completo

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Un año sabe de mí, la media parte de mi vida. Los registros que voy dejando, de las rutinas que me siguen hasta hoy, de alguna forma son un resumen de la actividad de mi existencia. Esto sin querer, me lleva la vida. Puede ser un año, diez, treinta o un día completo.

Nunca, es la variable, hasta que algo me lo dice.

Las buenas o malas rachas son las escalas de las notas musicales, altas y bajas. Así puedo deducir que tuve 10,220 días buenos. 5,475 regulares, de estos 3,650 fueron necesarios y 1,198 incomparables.

Mi único trazo fue estudiar y trabajar. Llegué trabajando y estudiando lo que pude.

Errores y aciertos, unos más que otros terminan por ser los preventivos de mi cruce peatonal.

Cuando pienso en lo que renuncié, lo que no hice o debí hacerlo mejor es porque algo de mi mente juega con mi imaginación maltrecha. Los hechos siempre son contundentes.

Supongo que dejé ir fragmentos valiosos, piezas elementales que dejé escapar mientras me ajustaba con el tiempo.

Pero surgen momentos, un paliativo en medio de las 52 semanas, en ese instante donde el reloj marca los minutos.

Mi vida ahora es un sentimiento austero, creo que un año, diez, treinta o un día completo me ha cambiado la cara, mi semblante.

Aún conservo lo fundamental, leer a los poetas “malditos”, y después a los poetas.

Pausa

En un año se ganó una elección y fue un suceso. Con ello, una nueva etapa de gobierno. Un cambio de régimen, donde la forma y el fondo tienen el mismo peso, donde se anuncian medidas que traen de cabeza a grupos opositores; empresarios, partidos políticos, líderes de opinión y un poco menos a los ciudadanos.

Si le preguntara al hoy tan popular Presidente de México, qué significaron diez años previos al triunfo, muy probablemente me diría:

─Haber ganado, para servirle al pueblo y erradicar la corrupción.

¿Y treinta años de gobierno en la historia reciente de México? ─Fracaso del sistema neoliberal, que generó pobreza, inseguridad y sólo benefició a las cúpulas del poder y mucha corrupción.

¿Un día, en qué lo resume?

─Difamarme, confrontar, generar temor, ante un accidente tan lamentable donde se perdieron vidas.

No deja de asombrarme la energía que empeña, es tal vez porque apenas empieza su mandato, o porque fue opositor; el hombre conflicto, el del reclamo, el de la plaza pública. El señor es, por sí mismo, un traductor de conductas.

Lo que viene tan factible es que se den un hervidero de artejos. En esa dirección corre el presidente, quienes lo acompañan, y todos aquellos que acumulan razones poderosas que contraponen sus ideas.

Ha sido un inicio estrepitoso, así lo esperaba, pero también, me sorprende, me inquieta y me da pereza.

Lo cierto es que cuando más se habla, menos se escucha. La responsabilidad se cuantifica en el número de imágenes, opiniones, declaraciones, gráficas y proyecciones económicas para tener argumentos.

La saciedad de razonamientos, cada uno con el sustento necesario para advertir, prevenir o debatir una próxima crisis ─como las anteriores no, una más severa, como la de Venezuela─.

Así que, ante tremendo postulado, y muchas predicciones, pongo en la lejanía mi presente. Hoy está con una mano adelante y generosa, por lo pronto, mañana, no sé. Porque el tiempo, el tiempo es una sospecha.

¡Feliz Año Nuevo!  Bienvenido 2019.

 

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