¿A POCO NO…? Cambiar… para estar peor

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¿A poco no, apostarle al cambio conlleva la intención de transformar para mejorar? Si se pierde la apuesta, lo peor que puede ocurrir es seguir como estábamos antes, pero si se gana, se supone que debemos aspirar a una mejoría que, se dé como se dé, ya es ganancia. Esto es en teoría, pero en la práctica, los mexicanos hemos sido testigos de que la mayoría de los cambios que se han dado, fueron  de forma, no de fondo, y sus resultados no han satisfecho las expectativas de la comunidad nacional, sean de índole político, gubernamental o legislativo.

Díganlo si no, las reformas políticas, desde la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, de JoLoPo, hasta el cambio del IFE al INE: más partidos, más gasto innecesario, mayor burocracia y las elecciones más caras del mundo sin que ello redunde en una mejor democracia. O los cambios de partido en el gobierno en el presente siglo que han defraudado las expectativas depositadas en ellos, tanto el PAN como el PRI. O las reformas legislativas que no han redundado en una mejor calidad de vida para las grandes mayorías, pero sí para la clase gobernante.

Así, desde la comodidad del nuevo avión, cuyo costo en los próximos 15 años superará los 6 mil millones de pesos, es fácil para el presidente EPN negar que la aeronave sea un palacete y bromear con que ni alberca tiene, igual que para los diputados, desde sus mullidas curules, prometer austeridad y transparencia, mientras que en cuatro meses, derrocharon 473 millones de pesos del erario para gastos administrativos y bonos, manteniendo en la opacidad el destino de los recursos que reciben, porque para ellos no aplica la rendición de cuentas.

La mayoría de quienes votaron por echar al PAN de Los Pinos para que regresara el PRI, lo hicieron defraudados del cambio prometido que no llegó en dos sexenios pintados de azul y le apostaron a un nuevo cambio con la promesa de un tricolor renovado. En su primer discurso como Presidente, EPN dijo que su objetivo principal era mejorar la economía familiar. Como candidato, ofreció triplicar el crecimiento de México que se lograría, dijo, con las reformas estructurales; sin embargo, los resultados ahí están: el país está peor que cuando cambió para estar mejor.

El discurso presidencial que hace tres años promovía el paquete de reformas estructurales en pos de la economía mexicana, hasta hoy no ha concordado con la realidad de la mayoría que vive en la pobreza y de otros tantos millones en la miseria. Los bajos salarios, el desempleo y el deterioro de la calidad de vida han sido la constante de la administración actual que ensombrecieron aquellos mensajes que hablaban de un país próspero y próximo a convertirse en una potencia mundial.

La frase de Giuseppe Tomasi di Lampedusa contenida en su novela El Gatopardo, “cambiar para seguir igual”, la han aplicado diversos analistas a México por décadas durante el siglo pasado en los regímenes emanados de la revolución; sin embargo, a la luz de los resultados que se observan, todo parece indicar que, en lo que va del presente siglo y milenio, ahora la paráfrasis es: “Cambiar… para estar peor”. ¿A poco no…?

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