Las últimas novedades, los últimos aconteceres en éste, nuestro mundo, y en éste, nuestro país, son eventos que nublan nuestros sentidos. Creo que al menos, muchos de los mexicanos han perdido el sentido y la capacidad de asombro. Son muchas las circunstancias que mueven, o dejan de mover al mundo, tantas que pareciera que ya forman parte de nuestra vida, constituyen lo cotidiano, son parte de “lo mismo” de todos los días, de tal forma que ya nada nos sorprende; hemos aprendido a vivir con ello, lamentablemente, ¡ya nada nos lastima!

     Los bombardeos a Siria, la utilización de armas biológicas en contra de la población civil, la muerte de hombres, mujeres y niños. Toda una población minimizada, acabada, violada, fragmentada; padres sin sus hijos, hijos sin sus padres, ciudades devastadas, miles y miles de muertos, personas que tenían una vida plena, niños que tenían una vida por delante… han desaparecido para siempre, es doloroso, lo sé, muchos de ustedes lo saben, sin embargo eso no es lo peor. ¿Qué pasará con los sobrevivientes? ¿Qué recuerdos permanecerán en sus mentes? ¿Qué memoria cargarán en sus maletas? ¿Qué sentimientos y emociones manejarán de ahora en adelante? ¿Quiénes los asistirán para remediar todas esas partes golpeadas al unísono?¿Serán acaso los futuros guerreros? ¿Podrán olvidar y perdonar? Posiblemente ellos conformarán los futuros ejércitos del mal; o tal vez se conviertan en personajes con ideales especiales, al estilo de Nelson Mandela, Martin Luther King, o Mahatma Gandhi.

     Cabría preguntarnos ¿qué hemos hecho nosotros para detener esta clase de genocidios? No podemos detener el genocidio interno; no nos ha preocupado la muerte de tantos periodistas, las fosas comunes, los desaparecidos, las desapariciones forzadas; si no somos capaces de resolver lo propio; ¿seremos capaces de hacer algo en relación a lo que sucede en el resto del mundo?

     Hay voces acalladas en todo el territorio nacional, hay fosas clandestinas en todo México. ¿Será verdad que nadie sabe quiénes son los perpetuadores de estos crímenes de lesa humanidad? ¿Ninguna madre, ninguna hermana, ninguna hija, ninguna novia, sabe que su familiar es un asesino? Y ¿viceversa tampoco? Tal vez vivimos entre asesinos y no nos hemos dado cuenta. Claro es como una metáfora, si el Estado, a través de sus gobiernos sabe que su vecino, compadre, amigo, hijo, hermano, etc, es un asesino, lo cubre con su manto, para que el chamaco descarriado, berrinchudo y consentido no sufra las consecuencias de sus actos y quede impune. Bueno, entonces, nosotros, el pueblo, también actuamos igual, protegemos al asesino que tal vez viva con nosotros, o en la casa de junto. Todos nos callamos y permitimos que pase lo que pase, nosotros somos los ciegos, sordos y mudos inconscientes que permanecemos ajenos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, porque esa es la forma en que se vive “el ahora”, ¿hasta qué punto, esto nos convertirá en entes animalescos?

 

 

 

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