La avaricia de los consorcios financieros actuales

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Las instituciones financieras, en especial las bancarias, han cambiado mucho en las últimas décadas. A partir de mi propia experiencia, me atrevo a decir que los bancos, que en México eran bastantes, dada las circunstancias de crecimiento y desarrollo económico, en especial los empresarios mexicanos que tenían sus capitales invertidos en la banca, eran conservadores en lo que avaricia se refiere; claro debemos de comprender que aunque existía el comercio internacional, y que este tipo de comercio de capital financiero sí se daba internacionalmente, tanto los dueños de la banca mexicana, como cualquier otro empresario mexicano, tenían puesta su preocupación productiva en México.

En la segunda mitad del siglo XX, los bancos, que de hecho tenían nombres muy nacionales, o muy castellanizados, tenían intereses nacionales primordialmente, y esto se veía y se aplicaba en beneficio tanto de los usuarios, como de los empleados bancarios.

Una sucursal bancaria en ese entonces dividía muy bien las operaciones que cada empleado hacía, claro no había involucrada tanta tecnología como ahora, todo era más mecánico, pero los empleados desarrollaban habilidades correspondientes a cada uno de los puestos en estas sucursales. Además los bancos competían entre sí, poco se competía con un banco extranjero; una forma de competir era con la capacitación de los empleados y con el buen trato a los clientes.

Con respecto a los empleados, debo decir que los sueldos en esa época (entre 1950 y 1990) eran buenos, además se tenían excelentes prestaciones, para comenzar, todo empleado bancario tenía 20 días hábiles de vacaciones por año, desde el primer año de trabajo, el número de días se incrementaba cada quinquenio, así iba de 20, a 25, 30, hasta 35 días hábiles de vacaciones cada año. Otro aspecto importante era que todos los empleados tenían servicio médico privado, este servicio cubría cualquier inconveniente, enfermedad, tratamiento, cirugía, medicamentos y tratamientos que el empleado y su familia ascendente y descendente requiriera, incluso visitas a domicilio por los médicos particulares. Estos servicios no suprimían la afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), así que el tiempo de trabajo estaba cubierto por las dos instituciones; en particular se utilizaban preferentemente los servicios médicos aportados por varias de las instituciones hospitalarias y de consulta privadas, ya que así lo decidían los empleados generalmente; y el tiempo de trabajo cotizado en semanas para un futura jubilación estaba contemplado en el propio banco y en el IMSS.

Cabe destacar que cuando un empleado bancario se jubilaba, recibía la jubilación del banco que lo había contratado y la jubilación, o pensión del IMSS; así todos estos trabajadores se veían beneficiados por estas dos instituciones. No cabe duda de que estos tiempos anteriores fueron gloriosos para este tipo de trabajadores. Por otro lado, los empleados bancarios recibían todo tipo de capacitación de primer nivel, misma que les aportaba beneficios, ya que podían escalar peldaños y ganar puestos de mayor importancia, y por consiguiente de mayor sueldo; y con esto más prestaciones.

Otro tipo de prestaciones eran las de poder recibir préstamos con intereses muy bajos para comprar un auto, o una casa, cuando ya se tenía la casa y se estaba a punto de terminar de pagar esa hipoteca, se podían conseguir préstamos mucho más baratos para remodelar o comprar otra casa, o un departamento. Existían también otro tipo de préstamos personales para empleados, siempre con intereses muy manejables y que beneficiaban a los empleados.

Los clientes en aquel entonces también valoraban el trabajo de los empleados bancarios y había toda clase de clientes, sólo que las cuentas se dividían en cuentas de ahorro y de cheques, regularmente, las cuentas de ahorros son el equivalente a las cuentas de débito de hoy en día y las de cheques son muy parecidas a las actuales, aunque en el presente son más virtuales que las anteriores. El dinero era real, se manejaban billetes de todas las denominaciones, siendo el más pequeño el billete de un peso, y el mayor el de cien pesos.

Un aspecto importante es que las nóminas de los empleados del banco, como las de los empleados de los cuentahabientes, se manejaban en efectivo, no existían las tarjetas de débito, por lo que los bancos, no tenían una base de datos de tantas personas como hoy en día, por lo que no tenían cautivos a muchos deudores. Si damos un vuelco y nos posicionamos de un escenario actual, en los modernos bancos, que ya no son mexicanos, donde el capital es mayoritariamente, o totalmente extranjero; muchas de las cuentas de débito responden a nóminas de muchos de los cuentahabientes, de este modo, los bancos cuentan con presas fáciles para los créditos, de todo tipo, en especial, para las tarjetas de crédito y para los créditos personales.

La peor vergüenza, es cuando los bancos les ofrecen créditos a los pensionados y jubilados, ya que sus pensiones son pagadas a través de tarjetas de débito. Los bancos saben muy bien que ese dinero estará seguro cada mes en una cuenta, de la que ellos podrán descontar el pago correspondiente al mes en curso, y que aunque los pensionados tengan la edad que tengan, y que pasen por diversas situaciones, a la institución bancaria, esto no les importará, ellos están vendiendo dinero y cobrando intereses muy altos a personas de la tercera edad; pienso que esto es un abuso, y que es inmoral, falto de ética, con tal de beneficiarse y ganar dinero a costa de las personas retiradas es el peor de los abusos humanos.

Al menos estas situaciones no se veían anteriormente, claro que las corporaciones financieras han crecido mucho, por razones como ésta y por otras razones más, se entiende que viven de los réditos, de los intereses que cobran por los préstamos, pero estoy segura que es de lo más injusto que en parte sean los ancianos, lo que tengan que contribuir para pagar los lujos de los multimillonarios.

Queda mucho por hablar de los bancos y de otras instituciones financieras, pero por hoy, esto será todo, espero que se den cuenta de la velocidad con que todo cambió, y no precisamente para bien.

¡HASTA PRONTO!

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