La memoria de la educación impartida en la familia

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Hablar de la educación en la familia es un punto del cual se ha polemizado mucho, incluso yo misma lo he mencionado con anterioridad, sin embargo, retomar esa educación como parte de la memoria educativa en las familias, es otro punto. Todos los individuos envueltos en una determinada cultura tienen patrones de conducta aprendidos y aprehendidos en la familia; todo depende del contexto en el que estos patrones son aprendidos y puestos en práctica. De lo anterior se desprende que tanto los hombres, como las mujeres que hayan nacido en un determinado contexto y en una determinada clase social, repetirán dichos patrones cotidianamente y educarán con los mismos patrones a sus descendientes.

La familia nuclear y la familia extendida guardan un papel muy importante en esta clase de educación, de esta forma, los padres, los abuelos, los tíos y tías, incluso los padrinos, aunque no sean de la familia, participan en la educación de los niños. Durante la primera y parte de la segunda mitad del siglo XX, esta educación estuvo a cargo de la madre principalmente, sobre todo en lo relacionado a la práctica de los valores familiares, mismos que en gran medida provenían de la Iglesia y de la clase social de la familia en cuestión.

Uno de los valores más difundidos en esta época fue el respeto, los niños siempre debían mostrar respeto por sus mayores, y a todo lo aprendido en casa, en especial enseñado por los padres, en primer lugar el padre, en segundo lugar, la madre, los abuelos y tíos y demás integrantes de la familia como adultos. El respeto se demostraba de muchas formas, entre ellas, besar la mano de los abuelos y padres, además de la de los sacerdotes; hablarles de “usted”, prohibidísimo hablarles de “tú”; pedir permiso para hablar, un niño, o menor de edad no podía dirigirse a un mayor, sin antes pedir permiso para hacerlo; no podía escuchar la plática de los mayores, mucho menos intervenir en ella. Los hijos en una familia de clase acomodada debía de comer todos al mismo tiempo, usar los cubiertos designados para cada platillo, no hablar durante la comida, y lo ya consabido, de no comer con la boca abierta, no hablar con comida en la boca, no hacer ruido con la boca al comer, no levantarse de la mesa hasta que el último hubiese acabado de comer, está por demás decir que todos comían lo que se había preparado para comer, no había alimentos distintos para cada uno, y se les pedía a los niños que dejaran algo en el plato, el último bocado, ya que con esto se demostraba que ellos no eran “muertos de hambre”, por lo que era de buena educación dejar comida en los platos.

En lo relacionado a la clase media, los valores eran muy parecidos, la única diferencia era que no había un cubierto para cada tipo de comida en todas las mesas; todos debían comer lo mismo, sin distinciones, con la salvedad de que uno debía de acabarse todo lo que había en el plato, en mi familia, si dejabas algo, porque ya estabas satisfecho, te lo guardaban para la próxima comida, si lo dejabas en el desayuno, era lo primero que te comías en la comida, si lo dejabas en la comida, era lo primero que te comías en la cena, y así sucesivamente. Tus padres te hacían ver que comprar la comida era posible por su trabajo y que muchos habían trabajado para que tu tuvieras esa comida en la mesa, por lo que no había que tirarla, ya que era el producto del trabajo de muchos. Claro que esto poco pasaba en estas familias, generalmente acostumbradas a saborear y terminarse los riquísimos guisos de mamá.

La clase baja vivía todo esto de muy diferente manera, las madres que casi siempre trabajaban fuera de casa, apenas si tenían tiempo de estar con los hijos y por lo general cocinaban algo rápido en casa, o llevaban comida de las casas donde trabajaban, claro, las comidas que habían sobrado de días anteriores, y que los integrantes de familias acomodadas ya no querían. Las familias de la clase media también tenían señoras que ayudaban en casa, sin embargo ellas comían de lo que se hacía día con día y llevaban de esto a sus propias familias.

La educación escolar en cada una de estas clases sociales era distinta, la clase alta se educaba en colegios particulares, cuyas autoridades eran parte de la Iglesia, padres y monjas eran los encargados de educar académicamente a estos niños y adolescentes, por lo general en casa, siempre había alguien que ayudara a los hijos con las tareas, si no era la madre, era algún asesor, a quien se la pagaba para que cumpliera con esa función.

La clase media y la clase baja acudían a escuela públicas, de las cuales había unas muy buenas académicamente hablando, aunque las instalaciones y actividades no eran parecidas a los colegios particulares. Las tareas eran vigiladas por las madres de familia, y en muchas ocasiones por los hermanos mayores, ya que es importante señalar que las familias solían ser muy grandes y los hijos mayores eran partícipes de muchas de las actividades de las madres y de los padres de familia.

Un detalle muy importante es la forma en que se impartía esta educación, ya que cualquier acto de desobediencia era castigado, esta reprimenda era muy variada, todo dependía en gran parte a la decisión de la madre, y en varias ocasiones del padre. Los castigos eran en ocasiones muy severos, y en otras ocasiones no lo eran tanto, ya que estos se aplicaban dependiendo de la posición social, o del criterio familiar, es decir si los padres eran educados de una forma, o de otra. Generalmente si un hijo desobedecía podría recibir unas nalgadas, unos azotes con el cinturón (de papá), unos “chanclazos” (de mamá), unos jalones de orejas, una cachetada, o un golpe en la boca (por contestar a un mayor), o simplemente una mirada de papá, o de mamá era castigo suficiente, también se podía castigar quitándote algo, o suprimiendo “el domingo”, cantidad de dinero que les daban los padres a sus hijos los fines de semana por portarse bien durante toda la semana, con la que podrían comprar toda clase de dulces que se les antojaran. Por supuesto que había unos castigos más sanguinarios, pero estos no estaban contemplados como castigos dentro de la norma, y podían ser sancionados por las autoridades legales, si se llegaba a saber de los mismos.

En base a lo anterior se puede decir que casi el 100% de los niños que vivieron esta época fueron alguna vez castigados con algunas de estas formas, aunque también hubo otros que fueron educados de tal forma que no tuvieron que ser castigados, ya que fueron educados con amor y con buenos ejemplos, siempre poniendo límites con explicaciones y reprimendas de otra naturaleza, de las cuales se hablará en la siguiente columna, al igual de la relación de todo esto con la memoria, sobre todo la memoria cultural.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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