Las fiestas decembrinas

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Reflexionar sobre las fiestas decembrinas desde lo cotidiano, es darle un sentido cultural, nacional y regional al mes en que se espera y se viven una gran diversidad de expectativas. Tomando en cuenta nuestra mexicanidad, siempre mezclamos lo cotidiano y cultural con lo religioso, y esto, por supuesto, no es algo fortuito ya que se viven tradiciones desde la época colonial, donde se gesta la nueva religión entre un pueblo recién formado por el mestizaje y el sincretismo entre dos culturas totalmente antagónicas.

A partir de la fundación de la Nueva España, y por consiguiente de la nueva raza, la nueva cultura, la nueva organización social, y el surgimiento de las nuevas tradiciones; se inicia esta nueva forma de comprender la vida, la nueva concepción del mundo y las nuevas celebraciones religiosas. La era cristiana de América Latina, y en especial la originaria de la nueva ideología religiosa mexicana, se va desarrollando de tal forma que se le da sentido al concepto de Navidad en diciembre, según la nueva Era,  a partir del arribo de Jesús de Nazareth, el Mundo Occidental celebra el nacimiento del Dios Cristiano.

Por mucho tiempo esta celebración fue primordialmente religiosa, con el paso del tiempo, se fueron dando paralelamente una serie de festejos que son de origen pagano, a los que se les da un matiz religioso. De pronto todo se convierte en situaciones de origen económico, resulta que la Navidad, como muchas otras celebraciones sólo representan un intercambio comercial; los patrones están obligados por la ley a dar un aguinaldo a sus trabajadores, esto, por supuesto es un acuerdo entre la clase en el poder, es una forma de incentivar la economía, es decir, el aguinaldo debe retornar lo más rápido posible a las arcas de la moderna burguesía. Todo eso que pareciera una prestación, un premio por el esfuerzo que el trabajador hace cuando desarrolla sus labores, sólo es una parte de lo no remunerado durante cada mes, por ese mismo trabajo, y se le es dado al trabajador a finales de año, como un extra, como un bono, que permite que él mismo y muchos otros más puedan contar con un empleo.

La parte cultural que se vuelca en lo cotidiano, es esa parte en donde todos celebran, derrochan y adquieren más financiamientos, para comprar todo aquello que les permitirá conseguir los productos que les darán un estatus digno de ser reconocido. Además tantas celebraciones en los últimos quince días del mes de diciembre hacen posible la convivencia y la fiesta, mismas que no tienen ninguna relación con el origen occidental religioso de la Navidad.

Comer, tomar, bailar, son los principales objetivos de estas celebraciones previas a la Navidad, las posadas se celebran por varios días, todavía en los años setentas y ochentas del siglo XX, éstas se festejaban todos los días desde el 16 de diciembre, hasta el 23 del mismo mes; jóvenes y no tan jóvenes organizaban grandes fiestas, el pretexto eran las posadas, en donde se mezclaban ritos religiosos, con ritos paganos, muchas veces fuera de contexto, eran más bien el pretexto para la borrachera y “el ligue”, aunque había velitas, colación, piñatas y muchas oraciones religiosas. Últimamente, esto ha sido diferente, sin embrago sigue habiendo rituales religiosos y paganos en muchas de estas manifestaciones que tienen varios orígenes, como la celebración de alguno de los muchos santos en el calendario gregoriano. Siempre está presente la “comilona”, en Torreón llamada “Reliquia”,  el baile, o la danza autóctona y los rezos; esa mezcolanza de tradiciones, que uno no sabe dónde inicia una y dónde acaba la otra.

De cualquier forma, los mexicanos reconocemos todo lo anterior como parte de nuestra cultura, en cada uno de estos festejos dejamos los apuros, los desvelos, las frustraciones, las depresiones, y toda clase de problemas, de esos que enfrentamos todos los días; cada vez que se acerca una de estas festividades, “echamos la casa por la ventana”, nos vestimos con nuestras mejores galas y le sonreímos a la vida, se nos olvida todo, ya habrá otros días para sufrir, mientras tanto, tenemos una Navidad que celebrar y estamos casi listos para ello.

De esta forma quiero desearles unas magníficas fiestas decembrinas, celébrenlas como ustedes saben, disfrútenlas, hagan a un lado cualquier frustración, abracen y demuestren su amor a los suyos, disfruten de esos manjares dignos de su trabajo y dedicación, y sobre todo valoren lo que tienen, principalmente a los seres humanos, parte fundamental de lo que ustedes son, y sin los que no tendría sentido su vida.

¡UN FUERTE ABRAZO PARA TODOS!

Diciembre de 2017

    

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