Empecemos con una simple definición de ciudadano, para ubicarnos en este conflictivo contexto de la partidictadura, sus políticos y demás especímenes.

Un ciudadano es aquél que cumple con sus obligaciones (TODAS) y exige sus derechos (TODOS).

Como ciudadanos y como sociedad civil organizada, podremos rescatar a este país con democracia participativa y actuante.

Los políticos-gobernantes cambian los hechos por los dichos y creen que con leyes, decretos y obras de saliva, la situación se salva, ejemplos: escoja lo que le plazca, economía, empleo, educación, salud, seguridad, corrupción, impunidad, etc . ¡El país se les está cayendo a pedazos!

Otro problema que nos enfrentamos es que no creen que somos capaces de pensar y por lo tanto las campañas las basan en puntadas y ocurrencias lo más escandalosas y llamativas posibles, de tal manera que aplican al pie de la letra la máxima: ”Difama que algo queda”.

Otra que emociona a la mayoría, es que nos ofrecen la solución a nuestros problemas económicos de tal manera que sin trabajar podemos llevar una vida cómoda, sin carencias, los hijos educados en escuelas particulares y podremos pagar las colegiaturas, tener vacaciones, ahorrar para el futuro y casa propia, según dijo este político, que con seis mil pesos,  sí, con seis mil pesos, solo faltó que dijera, como en su momento lo hizo la reina de Francia; “Si no tienen pan, pues coman pasteles”.

Ahora nos ofrecen pensiones universales, becas para universidades y ayuda para todas las mujeres, ¿estos ingratos, por no decir otra cosa, ya se pusieron a calcular cuántos miles de millones anualmente costarán estos programas? ¿El dinero caerá como maná del cielo? Desgraciadamente muchas personas creen todo.

Otra tónica para las campañas es difamar quién es el peor de todos, aunque como dijo Layín de San Blas “sí robo, pero poquito” y como dicen que decía Álvaro Obregón: “Tienen la garantía que robaré menos, pues sólo tengo una mano (un brazo)”, aquí lo interesante es que gracias a estas “campañas” nos enteraremos de detalles que en otras circunstancias nunca los conoceríamos. Como sucede en cualquier país del mundo, se tiran con todo, lo malo aquí es que se llevan entre las patas a las instituciones, que podrían ser las garantes de unas elecciones sino limpias, al menos creíbles.

De entrada, estas instituciones ya están descalificadas por la ciudadanía, además las tienen atadas de manos y a su servicio, pero nadie se pregunta porqué los partidos hacen lo que les da su regalada gana con estas instituciones, porque empezaron como ciudadanas y terminaron como botín de los partidos. Recuérdese cuando empezó el IFE y cuando José Woldenberg Karakowski lo presidió, en cambio ahora es de cuotas y cuates de los partidos y con leyes que les indican cómo y qué hacer sin  salirse de lo indicado por los propios partidos.

¿Qué podemos hacer? Algo casi imposible, no escuchar la propaganda de los partidos, estudiar la plataforma de los mismos, darles seguimiento a las promesas y exigirles que digan no solo el qué, el cómo y cuándo, formar nuestros propios jurados individuales o de grupo y exigir rendición de cuentas, transparencia en todas sus acciones y en el momento de votar no por el menos peor, sino por aquél que tenga un verdadero plan de gobierno para el futuro de este país y sus ciudadanos, en otras palabras, voto razonado dejando de lado el miedo, coraje, frustración, decepción, enojo, rabia, etc.

En otras palabras, voto razonado y participativo.

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