¿Qué nos une?

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El cuarto fin de semana del 2017 lo recibimos con la bandera de México como foto de perfil en muchas cuentas de Facebook, esto como muestra de apoyo a nuestro país luego de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, firmara una orden ejecutiva para construir un muro fronterizo con México, desatando una serie de especulaciones y preocupaciones en la ciudadanía.

Carlos Slim ofreció una rueda de prensa el viernes pasado (27 de enero) para decir, entre otras cosas, que le sorprendía la unión de los mexicanos, misma idea que compartía Rubén Aguilar, consultor y articulista, durante la mesa de análisis que realizó Televisa el jueves por la noche “Solo la sociedad civil puede llamar a la unidad” decía, mientras el historiador Enrique Krauze mencionaba que únicamente durante el terremoto de 1985 había presenciado verdadera cooperación y solidaridad del pueblo de México.

Pero, ¿por qué el dolor es lo que nos une?, ¿Por qué decidimos mostrarnos unidos, defensores y nacionalistas cuando las cosas parecen ir mal? Nos quejamos y nos quejamos mucho, mientras hacemos poco; nos denigramos, nos denigramos mucho y nos enaltecemos poco, porque sí, y por más trillado que suene y se lea “hablar mal de México habla mal de nosotros” porque lo conformamos, y se supone que lejos de hundirlo deberíamos levantarlo con nuestro esfuerzo y trabajo diario, desde donde nos toque, desde donde podamos. Al menos dos de las definiciones que ofrece la Real Academia de la Lengua Española (RAE) del concepto país, son:

1.- Territorio, con características geográficas y culturales propias, que puede constituir una entidad política dentro de un Estado.

2.-  Conjunto de los habitantes de un país.

Quisiéramos, ¡claro que queremos! Que el panorama económico, político y social fuera de maravilla; exigimos excelentes estrategas en el gobierno, magníficos profesionistas que además sean grandes empleadores, órganos políticos en los que no exista corrupción, pero la mayoría de nosotros estudiamos para aprobar una materia, para no molestar a papá, para liberarnos rápido de la escuela, buscamos un trabajo cómodo, cumplimos con nuestra labor y nada más, si nos pagan poco nos quejamos pero no buscamos obtener un trabajo extra, porque ¡qué flojera! ya no quiero trabajar.

¡Nuestro presidente no lee! ¡Es un pendejo! ¡Peña Nieto, no sirves para nada! Decimos orondos en reuniones con amigos, en la comida familiar y por supuesto en redes sociales, ¿ya nos encargamos de leer, de prepararnos, de especializarnos en un área? ¿Tú sabías quién escribió La Silla del Águila? Efectivamente, fue Carlos Fuentes, no Krauze.

No hay que esperar los peores momentos para recordar que somos mexicanos y que lo que le afecta al país nos afecta a nosotros y a quienes amamos. Hemos demostrado en muchas ocasiones que somos gente hábil, inteligente, buena, el mundo lo sabe, pero debemos empezar a reconocerlo nosotros. No hay que crecernos al castigo, hay que crecer siempre.

 

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