Se hace camino al andar…

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Desde que yo me acuerdo he caminado por la ciudad. Con los primos, jugábamos a buscar territorios y lugares secretos, el Cerro de la Cruz se convertía en toda una aventura; nunca faltó una caída, una raspada de rodilla o codo, que con el tiempo se curaban y entonces volvíamos a las andadas.

 Caminábamos todos los días a la escuela, sorteando las piedras y las tuberías de agua y drenaje. La escuela primaria Dr. Jonás E. Salk está en lo más alto del cerro, desde ahí veíamos la ciudad de Torreón y las ciudades vecinas de Gómez y Lerdo. Veíamos, cada día, cómo cambiaba la ciudad.

Siempre me he sentido orgulloso, del Torreón Viejo tanto como del moderno. De pequeño me gustaba oír las historias de mis abuelos, de cómo llegaron aquí. Ninguno de ellos nació en Torreón, llegaron a la localidad por diversas circunstancias. Los unió el arte y el oficio: músicos de profesión y vocación.

Crecí en una calle que no tiene el nombre de ningún personaje histórico: alegremente le pusieron Melodías, porque ahí vivían los mejores músicos de la ciudad; siempre se escuchaba una trompeta, un saxofón, una guitarra, una canción. Mis abuelos paternos, músicos de vocación, caminaron la ciudad, uno cargando la guitarra y el otro su trombón.

 Pero hubo un tiempo en el que la calle Melodías se convirtió en zona de terror. Ya nadie salía a caminar o a jugar, y tanta violencia acabó con su vocación. Cada familia, cada hogar, tiene algo triste que contar: muertos, desaparecidos, tableados; casas destruidas, quemadas y balaceadas. Por un largo tiempo se dejaron de escuchar cantos de alegría, para dar paso a lamentos de dolor.

Se hace camino al andar, se cura al caminar, se ven los rostros a veces contentos, otros cansados. No es fácil volver a la marcha cuando temes que el otro, pueda perturbarla, pero vale la pena tomar el riesgo para amarla. Al caminar, conocemos la ciudad, conocemos a quienes viven en ella, a quienes también la llaman suya. Qué gusto me da ver que los laguneros volvemos a salir a la calle, a vernos y a reconocernos como miembros de esta gran ciudad. Nunca dejemos de caminar, de hacer los espacios nuestros. Me gustaría ver nuevamente a los músicos, a los pintores, a los fotógrafos, a los artistas, a todos caminando por la ciudad, haciendo historias que contar. Salgamos a las calles, volvamos a las plazas, que en nuestras calles se escuchen solo cantos de alegría, y no canciones de lamento y malestar.

 Rafael López, Pbro.

Director de Buena Nueva, periódico de la Diócesis de Torreón.

@rafalosi

4 COMMENTS

  1. Q padre historia y yo creo q muchos laguneros vivimos esos momentos, ser felices en las calles, libres y sin temores y luego vivimos el horror. De la inseguridad
    Dios nos cuide y nunca mas vuelva
    Q nuestros niños de ahora les toque disfrutar de esta paz
    Gracias por compartir

  2. Caminar las calles es muestra de arrojo y locura, no es para cualquieras, es para los que no temen ser parte del cambio. Soy asiduo caminante de estas calles que me aferro no dejen de ser mías, recorro por mis trayectos naturales de circulación de la calzada Colón al oriente una quince cuadras, al poniente si acaso seis, siempre buscando que toque una avenida diferente, para ver sus casas viejas, sus tiendas, locales, cantinas y otros negocios sobrevivientes a la cultura de los “mall” y “outlet” que nos acecha. Hoy, igual por mi lugar de residencia salgo a caminar a lo que llaman “línea verde” que yo bautice para mi como “la delgada línea punteada que intentaba ser verde”, el placer mayor que encuentro en esas caminatas es saber que ya tengo coleccionados 5, si cinco, ¡buenos días! de otros seres que como yo disfrutan el medir las calles con los pies. Buen texto, buena reflexión, felicidades.

    • Agradezco tus palabras y la manera tan arrojada de salir a caminar. Caminar por la ciudad sigue siendo, como bien lo dices, un momento para encontrarse con el otro y con todo lo que nos rodea. Nos seguimos leyendo, un abrazo.

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