Tanto por hacer y el tiempo no alcanza…

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“¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas?

Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas.

Si son necesarias, ellas vendrán y vendrán a tiempo.”

Amado Nervo

        

En todas las épocas de la historia de la humanidad nos hemos movido y hemos actuado para satisfacer nuestras necesidades, el tiempo siempre ha estado presente como mediador y medidor de las actividades que son la fuente de satisfactores.  A medida que las circunstancias de cada contexto nos van imponiendo de forma natural, o convencional, una serie de horarios a cumplir, para realizar toda clase de tareas encaminadas a cubrir las necesidades, de pronto nos encontramos con la disyuntiva sobre el aprovechamiento de nuestro tiempo.

Si bien sabemos, en las primeras etapas de la historia, inclusive en la prehistoria, el tiempo no se medía por horarios, esto se hacía de manera natural, cabe señalar que aún, en la actualidad, en muchas regiones de este planeta, todavía se mide el tiempo de esta manera. La Luna y El Sol, son y han sido fundamentales para nuestros ancestros y todavía lo son para muchos de nuestros contemporáneos, quienes no han requerido poseer ninguna clase de relojes, ni de cuerda, ni digitales. Lo que sí se mide es la temperatura y la humedad, pero no con termómetros, o cualquier otro aparato, producto del avance tecnológico. Lo importante para estas personas de hace miles de años y las actuales es la necesidad de satisfacer sus necesidades elementales y la reacción del cuerpo hacia los cambios físicos externos. Tanto en la prehistoria y la historia antigua, siempre hubo la necesidad de cubrirse, alimentarse y de tener al menos un techo para resguardarse, al igual que en la actualidad, sólo que la situación de cada época del año y cada etapa histórica, como también el crecimiento de la población y las cada vez distintas formas de repartir, o intercambiar los recursos, han puesto de manifiesto la necesidad de medir el tiempo; con muy diversos aparatos desde el reloj de arena, hasta los relojes digitales de hoy en día.

Los dos grandes grupos humanos de la actualidad, la población urbana y la población rural, tienen una concepción diferente del tiempo, mientras en el campo todavía muchas de las personas trabajan en relación a El Sol y La Luna, se trabaja la tierra desde la madrugada, para evitar el trabajo duro bajo los rayos del sol, muchos de ellos, inician su descanso nocturno al anochecer, en muchas ocasiones cuando la luna inicia su aparición en el cielo. En las ciudades trabajamos, estudiamos y nos divertimos con horarios muy estrictos y no podemos vivir sin un reloj, o sin un teléfono celular y la mayoría de las veces no nos importa a qué hora sale El Sol, o a qué hora se mete; lo importante es respetar el horario que nos toca respetar, el de la escuela, o el del trabajo, o en su caso el que acordamos con los demás para cualquier encuentro, ya sea de trabajo, de estudio, o de esparcimiento.

Una reflexión muy importante para nosotros los citadinos es la de no tener en la mente la idea de que mientras más rápido acabemos lo que tenemos que hacer, o lo que estamos haciendo, es mejor porque el tiempo se nos acaba, es decir las horas pasan demasiado rápido y sentimos que no acabamos, le damos vuelta al asunto, postergamos nuestras obligaciones y decisiones, o lo hacemos todo muy rápido, siempre viendo el reloj, o el celular. Lo mejor es disfrutar lo que hacemos, aunque tengamos que seguir horarios, no lo hagamos todo con prisa, vivamos el momento y disfrutemos de nuestros quehaceres, ya sea la tarea de la escuela, la del hogar, el trabajo remunerado, el trabajo no remunerado, la salida, las diversas relaciones con los demás, y por qué no, el ocio también, ya que éste puede ser una fuente de sabiduría. Al fin y al cabo estamos cumpliendo con nuestras obligaciones y al mismo tiempo estamos satisfaciendo nuestras necesidades, trabajemos y vivamos cada momento.

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