Los temores son salvajes ahora mismo, el hallazgo social sobre el COVID-19 es excepcional, y entonces las relaciones de gran distancia hacen catarsis. Tan inmediato y contradictorio que los sistemas de salud de algunos países, han sido rebasados.

El virus salta cada día, a toda hora por esa barandilla de la información. Con una fama que azora, nos piden mirarlo, así como mirar el mundo, esta vez como si existiéramos. Porque ahora hay un caos que manifiesta en instalarse, bajo circunstancias que sospechan conspiradoras, ruidosas, apocalípticas o verdaderas.

Llegó a México un poco menos insolente, primero, para ser un mal de ojo cantadito. ¡Vaya! El vacile no espera y ni perdona a los dirigentes políticos, o empresariales. Los especialistas, epidemiólogos encargados de la contingencia sanitaria, también, en el barullo de las redes sociales son unos mentecatos, rabones sin estrategia. Tomar medidas responsables en el país implica en sí o no saludar. En revisar lo que dijo, si habló bien o de perdido corridito. Si el de aquí o el de cerquita van por lo mismo o ya merito. A ese grado van endosadas las acciones preventivas.

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Sobredimensionar o en lentitud, la situación es un hecho. ¿Habrá camas suficientes, hospitales, medicamentos, equipo especial, médicos y enfermeras para atender la curva peligrosa ascendente de contagios que prevén? La realidad es que sin haber llegado a esa temeridad, en las clínicas y hospitales del sector salud las condiciones no son las adecuadas, ante la emergencia ya hay inconformes, personal a cargo de atender a los infectados dicen sentirse prácticamente desprotegidos.

El gasto neto en salud pública en México es de apenas el 2.8  por ciento del Producto Interno Bruto, cuando el mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud es del 6 por ciento.

Las precauciones para evitar contagios es una decisión que le compete a uno mismo, hoy por ejemplo reí de lo absurdo de algunas medidas. Tuve que ir al banco, sólo de una persona y de cinco en cinco podían pasar. Lo chistoso es que mientras esperas, aquello es ya un tumulto propiamente organizado. Para algunos sectores, el “Quédate en casa” es un eslogan meramente. El pequeño comercio, los choferes, los vendedores, el trabajo de calle prácticamente no puede seguir esta medida. La fase II no aplica para todos en una sociedad tan desigual. Cada región tiene diferencias multiculturales, poblacionales, geográficas y económicas. La cadena productiva se verá afectada.

Hay cosas que sorprenden en estos momentos, la gran cantidad de alertas y presagios que distraen de lo verdadero. Los temas pendientes, dónde quedaron, unos meses antes la lucha de las mujeres, el clima de inseguridad, el panorama de inversión, hablaban de un crecimiento cero. Después de un tiempo, y mientras pasó de todo, recordaremos que la tempestad ya venía formándose. Lo menos importante ya no será el famoso huésped universal, muy seguramente será lo de menos.

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