El difícil arte de gobernar, por Juan Ceballos

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¿A poco no es lamentable ver cómo se ha devaluado el significado original de la palabra política, hoy, sinónimo de corrupción? Hace 2 mil 300 años Aristóteles la definió como “el arte de gobernar con la capacidad, preparación y sabiduría suficientes para mantener la paz social, la seguridad pública y las condiciones idóneas para el desarrollo de la polis o ciudad, y para conservar el orden y las buenas costumbres”.

El buen gobernante antepone el bienestar comunitario al beneficio personal o grupal, pero, por desgracia, esta teoría de carácter universal está lejos de llevarse a la práctica en el entorno nacional. Y uno de los múltiples ejemplos lo podemos encontrar en el tema de la deuda pública: al cierre del sexenio que recién concluyó Méxicodebe 11 billones de pesos y, según la BBC, es la segunda nación de América Latina con la mayor deuda pública, donde a cada mexicano le tocaría pagar 3 mil 500 dólares, unos 70 mil pesos al tipo de cambio de 20 por dólar.

El problema se agrava por el aumento de la tasa de interés y, por vez primera en 12 años, el pago de la deuda federal va a superar la inversión en obra pública. En contraparte, en los últimos dos años los ingresos excedentes ascendieron a 1.2 billones de pesos. ¿Dónde están esos ingresos excedentes? ¿Se fueron a gasto corriente, al pago de la deuda, a campañas electorales y compra de votos o a engordar la corrupción, ese lastre que le cuesta al país entre 9 y 10% del PIB?

Lo cierto es que, desde 2016 la inversión pública en obra, salud, cultura, ciencia y tecnología ha ido a la baja, víctima de los recortes al gasto público y de la deuda histórica. Así, mientras que el gobierno gaste más de lo que recauda, los pasivos van a seguir aumentando y se destinarán mayores recursos al pago de intereses que a la deuda misma.

Además, continuará disminuyendo el presupuesto para prioridades elementales como obra pública, salud y educación. De ahí la urgencia de exigir resultados en la lucha contra la corrupción, la opacidad y la ineficiencia de la clase política, para que la honestidad, la transparencia y la eficacia arraiguen y fructifiquen en todos aquellos que tienen en sus manos el destino del país y puedan dominar el difícil arte de gobernar. Difícil… peo no imposible. Se vale soñar. ¿A poco no…?

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