Una mujer sonriente, curiosa y observadora recorre las céntricas calles de una mega urbe a la que llama hogar, a veces a pie, otras en bicicleta y que en casi 60 de habitarla la ha cautivado e inspirado sin absorberla en la vorágine de su inmensidad.  

La pintora Helen Bickham nació un 9 de junio de 1935 en Harbin, provincia China de la Manchuria, que por aquellos años se consideraba nación, aunque era ocupada por japoneses, su madre una ucraniana exiliada con quién viviría no solo en Harbin sino también en Japón, las Filipinas y Corea del Sur. Su padre un militar norteamericano al que veía en pocas ocasiones y que tristemente habría de perecer durante la Segunda Guerra mundial cuando ella tenía apenas 8 años. Posterior a ello, su madre decidiría cambiar de residencia a los Estados Unidos primero en Virginia y luego en San Francisco, lugar de un campamento de refugiados, donde Helen conocería las carencias y en el que decidiría que el respeto humano sería su bandera.

Con el paso del tiempo destacaría como buena estudiante, se matricularía en la Universidad de Berkeley en la carrera de Humanidades y filosofía, se casaría y tendría dos hijos aunque este matrimonio no duraría mucho. Así mismo tuvo la oportunidad de vivir en Florencia, sitio que impregno de interés y motivación en arte. Serían unas vacaciones de verano por México en 1962 donde decidiría un rumbo para su vida pues escogió la capital como se nuevo hogar.

Te puede interesar: Joy Laville, Mujer Lila

Aunque desde muy pequeña tuvo interés y facilidad para el dibujo ella considera el inicio de su carrera artística en 1975. Sus pinturas, dibujos y grabados han participado en más de 300 exposiciones entre individuales y colectivas por México, Estados Unidos, Inglaterra, Suiza y Venezuela por mencionar algunos. Desde 1997 es miembro activo del Salón de la Plástica Mexicana.

Dice no hacer retratos, pero reconoce la importancia de la figura humana en su trabajo artístico que muestra la profundidad de las emociones de los seres plasmados algunas veces alegres, otras consternados y siempre con referencias claras a los diferentes contextos involucrados. Ella observa los gestos, los movimientos, las expresiones y las imágenes que delimitan el universo de su obra.

Así también es notorio su trazo fuerte y seguro con el que a veces juega a la hora de proponer situaciones, en sus dípticos y trípticos juega con las posiciones de los personajes y la lectura de las piezas.

Destaca como profesora al colaborar con el centro de Lenguas del Instituto Politécnico, como importante activista al oponerse a obras que atentaban contra la habitabilidad de la Cuidad de México y hasta como una orgullosa embajadora de nuestro país al representarlo en importantes exposiciones internacionales. Helen es una ciudadana de mundo, mujer brillante y libre que se sobrepuso de una manera sencilla, alegre y ejemplar; una muestra de que todos somos iguales y de que las fronteras son una completa invención humana.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, haz un comentario
Por favor, pon tu nombre aquí