La esperanza es como la sal, no alimenta pero da sabor al pan

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Andrés Manuel López Obrador está lleno de esperanza. Virtualmente pues, al menos. En este momento está cumpliendo una semana encima del trono más poderoso de la política de México y a pesar de que la crítica no cesa todos los lunes por la mañana; observo que inclusive los opositores de hueso colorado todavía tienen la duda de qué es lo que tiene escondido el antes peje debajo de la manga.

La esperanza es como la sal, escribió Saramago, no alimenta, pero da sabor al pan. Algo incorregible que tiene todo este asunto con López es que su llegada al poder produce una variabilidad de posibilidades para el país que bien pueden ser buenas o malas.

AMLO quizá es el salvador azteca que los indígenas ortodoxos en México consideran protagonista de profecías antiguas que anuncian el rescate a éste pueblo milenario de la tenebrosidad. Puede ser que su bastón de mando de cedro rojo oaxaqueño tenga algo de carga energética espiritual y, quién sabe, le dé al presidente de México la sabiduría para no dejarse que el monstruo político-económico-mediático que hereda su puesto de toda la historia del país le condene a ser, como todos los exmandatarios, absolutamente nadie más que “otro más”.

Cualquier oposición de cara confiable como la tiene el sexagenario tabasqueño generará esperanza, aunque éste fuera un anciano corrupto, habrá esperanza, por inherencia al miedo que existe de la destrucción. México, fuera de quien sea que tenga al frente, ocultará bajo las sábanas esperanza, y debajo del colchón; la echará sembrada junto al frijol y al cacao y al maíz; y la llevará consigo, aunque no lo sepa, colgada del cuello o puesta en los bolsillos junto al suelto.

La hay, pues, es observable y es algo en lo que muy adentro el mexicano tiene acordado, “el mexicano” en su generalidad: suda la esperanza: bebe calamidades y suda esperanza.

Es un hecho, que la esperanza da sabor al pan; pero no llena. Promueve que la expectativa de un mejor país esté viva; es decir, motiva, sin duda, pero no satisface.

Critico la flexibilidad del mexicano: su orgullo de goma. En Francia tienen al país asando carros a dos cuadras de la Casa de Gobierno por un aumento del 16% de combustible. Y cuando el gobierno suspende, asustado y tentativo, el pueblo va más allá y no permite burla.

Es sencillo entender por qué Francia sí y México no cuando un francés de 75 años (amigo mío) te explica la verdadera razón por la que el ciudadano francés hace revuelta: su intocable comodidad. Y es la comodidad rígida, sólida y organizada. Ése europeo tiene el presupuesto bien calado para la semana, ni un euro más, ni uno menos: “Ni un euro menos, Macrón, o te escoltamos en chaleco amarillo a la chingada”.

Acá en México no somos así de rígidos, más blandengues; hágannos algo y el orgullo averiado no nos pesa tanto, nos agachamos; por supuesto que no hay una costumbre administrativa de concreto, y por eso se rompe, o se dobla, y se hace casi nada al respecto.

Andrés podrá llevar esperanza en sus manos, y darnos un saborcito de bonanza para el futuro; o podrá ser otro político más, en busca de poder o dinero, que es lo mismo; con los ojos abiertos veremos quién es a su tiempo. Él elegirá quién querrá ser. Pero nosotros, debemos elegir quiénes seremos. Si viviremos siempre de esperanza, o buscaremos satisfacción al fin:saciedad.

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