En el libro del Éxodo, específicamente en el capítulo 9 versículo 14, el Dios de los hebreos amenaza al faraón egipcio diciéndole “Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra”. De esta manera, el pueblo israelita describe y justifica la plaga que termina con la vida de todos los primogénitos del pueblo egipcio.

En aquellos tiempos, las plagas eran la representación de un castigo divino. Una forma de justicia aplicada a quienes en su actuar, ofendían la moral y los preceptos religiosos. 

Esta forma de pensar se preservó por largo tiempo en la historia. En 1348 la peste bubónica atacó Eurasia, y durante ésta época, la gran mayoría de la gente veía la enfermedad como el resultado de la ira divina. A la par, Giovanni Boccaccio empezó una de sus obras más representativas, el Decamerón, cuyos protagonistas huyen de la peste en Florencia. Siete mujeres y tres hombres se refugian en una villa para contar historias y entretenerse. 100 cuentos y novelas cortas, de géneros variados, que exaltan la humanidad de sus personajes. Humanidad que paradójicamente se ve mermada ante la exaltación de sus vicios, que conllevan a su decaer físico y moral.

Es en este contexto, fen el que los protagonistas pueden explorar la complejidad de su personalidad, Mary Shelley nos regala a Lionel Verney en El Último Hombre sobre la Tierra; una novela escrita en 1826, cuya historia de romance y política se desarrolla a la par de una plaga que termina con la humanidad. 

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A partir de esto, las representaciones de la humanidad y su encuentro con la muerte a través de una enfermedad pandémica se centran precisamente en el desarrollo de lo humano a través de la adversidad; el personaje principal ya no sólo teme a la muerte, sino que la hostilidad del entorno, que lo empuja a luchar contra otros sobrevivientes, como en The Earth Abides, Ensaio sobre a Cegueira y The Walking Dead.

Es importante notar en esta evolución del ámbito religioso al de la literatura contemporánea, que en muchos de los casos, la razón o motivo del cataclismo es inexplicable. Los personajes, inmersos en el caos y la pérdida, se enfrentan a enfermedades cuya explicación se ve innecesaria o minimizada a lo largo de la historia, además, con un despropósito absoluto. 

Un caso que contrasta en este sentido es el de I am Legend de Richard Matheson; novela escrita en 1954, en la que su protagonista, estando en completa soledad, decide invertir su tiempo en buscar una cura a la pandemia que acabó con su hija, su esposa, su vecino, y con todos los demás, convirtiéndolo en el último humano.

En la biblia, las plagas tienen un origen conocido y un fin práctico, mientras que en la actualidad, la posibilidad planteada en la literatura o el cine existe a fin de imaginarnos cómo la sociedad reaccionaría ante su propio final, con un resultado similar en la variedad de historias contemporáneas. 

Los autores encuentran inspiración en el miedo; aquello que imaginan que puede suceder cuando las estructuras sociales caen y las personas pierden la razón. Sin embargo, hoy en día la preocupación más certera puede ser lo cercanos que somos como sociedad a caer en todos los vicios y problemas previstos por estos visionarios. 

La pregunta para mí ya no se trata si estamos preparados para enfrentar una pandemia, sino, si estamos preparados para enfrentarnos a nosotros mismos, cuando la psicosis, el miedo y la histeria nos permitan traspasar los límites de lo socialmente aceptado, ¿sabremos reaccionar y así evitar la pérdida de nuestra humanidad?

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