Pacificar el país a balazos, ¿no hay otra opción?

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Llevamos ya varios sexenios con la violencia a flor de piel desde “que el PRI sí sabía cómo administrar el crimen organizado” según dijo Sócrates Rizzo, ex-gobernador de Nuevo León, que por cierto nunca más se le volvió a escuchar.

No se trata de ver la ley de seguridad interior de EPN, aprobada por mayoriteo priista y publicada en el diario oficial hace un año, aproximadamente, pero que nunca fue aplicada por EPN. Además, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que ésta es inconstitucional por lo que quedó anulada definitivamente.

Tampoco se trata de defender a los cuerpos policíacos de cualquier nivel: federal, estatal o municipal, pues es un secreto a voces que han logrado la peor fama en cuanto a su pésima actuación en contra de la ciudadanía, corrupción y liga con el crimen organizado.

Siendo justos, no podemos decir que todos los policías están igualmente catalogados, pero sí por los múltiples casos, como en todo el mundo, la ciudadanía ha hecho tabla rasa, e insisto aquí y en cualquier país del mundo también hay buenos policías que arriesgan su vida cotidianamente en defensa de la seguridad e integridad de las personas.

Lo que sí valdría la pena analizar, aunque sea brevemente, son los diferentes aspectos de lo que es la seguridad nacional, seguridad interna y seguridad pública.

Seguridad nacional, podemos resumirla en los siguientes conceptos y esta labor corresponde a las fuerzas armadas del país: “Es el conjunto interrelacionado de elementos del Estado cuyas funciones están orientadas a garantizar la Seguridad Nacional mediante la concepción, planeamiento, dirección, preparación, ejecución y supervisión de la Defensa Nacional.”

Seguridad Interna.- “El asunto de la seguridad interna de un país o territorio es de absoluta prioridad para cualquier gobierno. Una de las tareas fundamentales dentro del Estado es preservar y garantizar la seguridad de los ciudadanos, de tal suerte a que los habitantes de la República se sientan protegidos ante cualquier tipo de amenaza. Ocupa un importante rol en la difusión de la sensación de seguridad, está embarcada en el fortalecimiento institucional de una Policía Nacional, el brazo ejecutor de la ley, que pretende no solo una preeminencia de prácticas y la sana convivencia, sino también la prevención de los hechos punibles.”

Seguridad Pública.- “Es un servicio que debe brindar el Estado para garantizar la integridad de todos los ciudadanos y sus bienes. La seguridad pública implica que los ciudadanos pueden convivir en armonía, cada uno respetando los derechos individuales del otro.”

En este último caso es más que obvio que son los cuerpos policíacos quienes deben llevar a cabo esta labor, como lo vemos en cualquier país del mundo.

Estas simples definiciones, pueden dar una idea de que las fuerzas armadas de un país no pueden tener la responsabilidad de la seguridad interior y mucho menos la seguridad pública, ya que su vocación, disciplina y formación es otra, como lo declaró el actual presidente de la Cámara de Diputados, “estas fuerzas están preparadas para el exterminio” más claro no puede ser, o como les decía a mis alumnos, analicen qué es un buen soldado y qué es un buen policía, para qué está preparado uno y para qué está preparado el otro; en síntesis el primero para exterminar y el segundo para proteger, aunque en México esto no se cumpla muy bien.

La experiencia ha demostrado que a balazos no se ha logrado ni se logrará ningún avance, como fueron los sexenios de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, en donde el segundo resultó peor que el primero en cuanto a cientos de miles de muertos y miles de desaparecidos y lo mismo ha ocurrido en Brasil, Colombia y otros países.

Todos los gobernantes saben cómo combatir y  terminar, o  al menos atenuar, esta plaga del crimen organizado, pero ninguno ha actuado porque como dijo José López Portillo, el flagelo de la corrupción llega muy arriba y muy cerca.

Se puede empezar con las autoridades de cualquier nivel de gobierno que se alíe o asocie con el crimen organizado, ejemplos sobran; desde presidentes municipales y sus cabildos, gobernadores, ahora que está de vuelta el caso Coahuila y los Zetas, diputados, senadores, secretarios de Estado y hasta presidentes de la república, según Zambada.

Otro punto es el enriquecimiento ilícito, el lavado de dinero otra vez de funcionarios públicos y empresarios coludidos “follow the money” y en este caso sobran ejemplos de grandes capitales que surgen de la noche a la mañana.

Las armas, ¿por qué los grupos criminales tienen armamento mejor y más sofisticado que los mismos cuerpos que los combaten? Estos entran por las fronteras porosas que tenemos en el país, coludidos muchas veces con las autoridades que están para vigilar que esto no suceda y que en muchos casos solo se voltean a otro lado para no ver lo que sucede, ¿las causas? Póngale las que quiera.

Otro aspecto que se ha descuidado es que los cuerpos policíacos se les tiene olvidados, pues los políticos y sus partidos tienen sus propios cuerpos de seguridad y el ciudadano es el que está en completo estado de indefensión, para estas corporaciones se requiere mejores prestaciones, mejor preparación y capacitación en todos los aspectos, mejor armamento, etc.

Concluimos con lo de siempre, las franquicias llamadas partidos políticos, los dueños de éstas y los que salen de ellos para ocupar puestos públicos, no les interesa este país; solo sus fortunas y bienestar, por lo tanto es la ciudadanía, en lo personal, o en la sociedad civil organizada, que no debemos quitar el dedo del renglón para seguir combatiendo a la impunidad y corrupción; exigir nuestra seguridad, bienestar y vivir en un país en paz y sin guerra de ninguna especie.

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