Texto vía El Estado de La Laguna.

Estado Mexicano, Gobierno de la República, Senado de la Nación, Cámara de Diputados, Suprema Corte de Justicia, un millón seiscientos mil habitantes en veinte municipios, catorce en el estado de Durango y seis en el estado de Coahuila,  hemos aprendido a vivir con normalidad dentro de una pesadilla que si intentamos explicarla nadie nos cree, piensan que exageramos, que no es posible.

Acostumbrados a todo, seguimos luchando para superar las inclemencias geográficas, los rigores del clima, para derrotar el pesimismo que un revés tras otro nos provoca y remontar con nuestro esfuerzo el desánimo que nos agobia al ver siempre cuesta arriba todos nuestros proyectos. No nos detenemos ni cuando después de sacrificarlo todo para erigir una nueva realidad, un golpe certero que no identificamos de dónde proviene vuelve a poner las cosas como al principio y a veces en situación todavía más desventajosa. Seguimos con la frente en alto pero con la piel agrietada.

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Nadie nos cree. Vivimos una realidad gobernada por dos leyes que además son antagónicas y distantes, aplicadas con envidia y desdén, con resentimiento y desprecio.

¿A quién vamos a acudir?

Los caminos propuestos son vericuetos insalvables, laberintos confusos para diluir, entrampar, posponer nuestra ilusión de trabajar en paz con libertad y autonomía en bien de nuestras familias, nuestra región, nuestro país.

El Estado de La Laguna es una necesidad vital, no un capricho político, no una ocurrencia fugaz. Es la única manera de operar una zona unida por la historia, la geografía, la economía, la cultura, la demografía. La Laguna es una región única e indivisible que no cabe ni en el estado de Coahuila ni en el estado de Durango que lo único que atinan a hacer es intentar debilitar su vida institucional, socavar sus cimientos empresariales, drenar sus recursos fiscales, aplazar la solución a sus necesidades más urgentes, distraer con promesas irreales, desdeñar sus reclamos, burlarse de sus angustias.

¿Quien será el Estadista que ponga las cosas en su sitio?

No pedimos mucho, tan solo la oportunidad de vivir y de trabajar bajo una sola ley, bajo un solo mando que responda a sus ciudadanos por sus acciones.

Tener la casa dividida entre dos amos que además son distantes y  muy ajenos, inhibe nuestra capacidad productiva y nuestros ánimos patrióticos.  No es difícil suponer que al tener la casa en orden, los laguneros dupliquemos nuestra producción a favor de la República.

Esto ya no puede posponerse, no es un asunto para después, el tiempo es ahora y el lugar es éste.  Nuestros índices de alcoholismo y de drogadicción son alarmantes, señal indiscutible de descomposición social. La frustración, Estado Mexicano, es la peor de las consejeras. En 1910, al llamado de nuestro paisano Pancho Madero, los laguneros nos alzamos violentamente en contra de una dictadura insensible.

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