El derrumbe del deporte mexicano

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Los eventos deportivos siempre han generado expectativa en el pueblo mexicano. Sentir un triunfo ajeno como nuestro brinda felicidad y una sensación de éxito inequívoca. Históricamente la delegación mexicana jamás se ha distinguido por ser una potencia dentro de las numerosas competencias mundiales que se llevan a cabo cada determinado tiempo; mundiales de fútbol, juegos olímpicos, clásico mundial de béisbol y diversas competiciones de diferentes disciplinas que se desarrollan cada vez más, son un claro ejemplo de la histórica personalidad derrotista y trágica de nuestros deportistas.

En este momento se están llevando a cabo los juegos olímpicos en Río de Janeiro, sin temor a equivocarme puedo afirmar que es la justa deportiva más importante y tradicional del mundo, dado que aquí se concentran infinidad de disciplinas deportivas

Históricamente las delegaciones mexicanas siempre llegan sonrientes, con muchas expectativas, anhelando la gloria olímpica, escuchando en su mente el himno nacional con lágrimas en los ojos, abrazando a cualquiera que se le cruce por la inmensa felicidad que implica ganar una medalla y considerarse como uno de los tres mejores deportistas del mundo en su disciplina. Cuando llega la realidad, la gran mayoría regresan al país con desilusión, desdén, asco, impotencia y con un amargo sabor de boca por no lograr sus objetivos y, en la actual justa veraniega, esto se ha vuelto un patrón inquietante.

El levantador de pesas Bredni Roque Mendoza, quien se ubicó en su prueba en quinto lugar, quedando cerca de las medallas, denunció no haber recibido un uniforme que le quedara y el equipo necesario para desarrollar su prueba. La tiradora con arco, Aída Román, quien en 2012 ganara la medalla de plata en su especialidad, quedó eliminada en la primera ronda y fue vapuleada y exterminada por los medios, a lo que ella contestó “Yo soy Aída Román, y he llegado hasta aquí sola.” El clavadista, Yahir Ocampo, pidió que le repitieran un clavado por una luz que se prendió y que lo encandiló durante su presentación, y presuntamente la petición fue negada porque la federación mexicana de natación y la Conade tienen problemas legales y financieros con la FINA (Federación internacional de natación) al no organizar un campeonato mundial de natación cuando ya habían tomado el compromiso, al declinarse para la organización, la Conade (Comisión nacional de cultura física y deporte) por contrato debió haber pagado una multa que jamás liquidó.

El presidente del mismo organismo, Alfredo Castillo, otrora comisionado de seguridad en Michoacán  y señalado como presunto responsable de la matanza descomunal y despiadada de policías federales sobre decenas de civiles en Apatzingán, es una persona cercana al presidente Peña Nieto, amigo ínitmo y según un reportaje en la revista Proceso, el mandatario mexicano le había prometido el puesto que ahora ocupa, dado que Castillo es un fanático del deporte y en específico del tenis. Hoy, como siguiendo el mismo patrón, Castillo tiene trabajando en la comisión a familiares de su pareja con quien se le ha visto paseando plácidamente en las playas de Brasil y tomándose fotos con tenistas renombrados como el serbio Novak Djokovic.

El deporte amateur y profesional en este país está derrumbado por la corrupción que existe en las federaciones, en la Conade y en el Comité Olímpico Mexicano.

Las escuelas públicas, en su mayoría, no cuentan con programas, docentes ni instalaciones para poder promover una educación integral en la que además del conocimiento, también se exploten las habilidades deportivas y lúdicas que tienen los niños.

Para ser arquero o nadador, o golfista o futbolista o taekwondoín, o clavadista o para ejecutar cualquier otra disciplina se necesita apoyo, instalaciones, dinero, entrenadores, buena alimentación. Se requiere promover e impulsar a las personas desde niños, mostrarles que hay un camino, que el deporte es un conducto para mejorar a una sociedad, que la muestra de un país sano y exitoso también radica en la competitividad de sus deportistas y que la corrupción y la barbarie y el raquítico sistema educativo y deportivo en México tienen ahogado, reprimido y limitado a muchos deportistas que por amor y por pasión deciden luchar contra todo para poder escribir su nombre en la historia del olimpismo.

Felicidades a Soraya Jiménez, Ana Gabriela Guevara, Aída Román, Mariana Avitia, Felipe Muñoz, Paola Espinoza, Fernando Platas, Laura Sánchez, María del Rosario Espinoza, Victor Estrada, Belem Guerrero, Iridia Salazar, Ernesto Canto. Felicidades a todos que desde 1900, acumulan 62 medallas olímpicas, felicidades porque esas medallas fueron a pesar del gobierno y las instituciones deportivas mexicanas, felicidades porque demostraron que se puede si se quiere, pero que se necesita más fuerza y más empuje que la de cualquier otro medallista extranjero sobre la faz de la tierra. Porque querer ser deportista en México, más que un reto, es una calamidad que muy pocas veces termina en éxito.

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