House of Cards y la parcialización de la sexualidad

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Sigmund Freud en su obra “Introducción al narcisismo” cita a Paul Nacke quién conceptualiza al narcisismo para designar a aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual a su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa hasta llegar a tener una completa satisfacción (1914, p. 2). Explicado en una forma más concreta y menos elevada, el ser humano al nacer presenta dos características: el delirio de grandeza y falta de interés en el mundo; el primero es dado a partir de que en su mismidad se vive la experiencia de que es un ser apartado y mesiánico, donde el otro pudiese existir meramente para satisfacer sus necesidades sin consciencia de que éste otro representa un objeto externo de sí mismo, es decir, en un principio el bebé vive la más remota experiencia de que mamá es parte de él y al no tener consciencia de la situación planteada en su exterior además de no concebir que existe un “afuera” el bebé se plantea una falta de interés en lo que no conoce. En este sentido y con el paso del tiempo, la madre es la única figura importante en el menor, no porque éste sienta afecto hacia ella, sino porque es el medio que satisface sus necesidades más profundas.

            Explicando esto: ¿dónde yace la parcialización de la sexualidad? Como todos los sabemos, el ser humano es un ser sexual, ya que es esta experiencia la que da inicio a su vida, es la sexualidad la que le brinda el conocimiento del mundo y es también la que se encarga de proporcionarle las herramientas necesarias para fungir como un agente social en vías de la sanidad. Es entonces que cabe aclarar nuevamente que la sexualidad no se refiere meramente a lo genital, sino que por el contrario, la sexualidad la componen agentes de tipo social, biológico, intelectual, afectivo e incluso espiritual. Por ejemplo, en el plano social, la sexualidad es vista a partir del tipo interacción que nosotros tenemos con el mundo exterior, es decir; relaciones de dependencia, de sumisión, de alejamiento, de hipersociabilidad, entre otras; en este mismo ejemplo intervienen los otros cuatro factores, tales como la intelectualidad, donde es posible darnos cuenta que nuestra intervención en el medio social tiene que ver con nuestra cognición, misma que describe los rasgos que tenemos para analizar, crear, ordenar, estructurar, sintetizar, obtener lenguaje y crear herramientas diversas y personales de comunicación. En el plano emocional obtenemos los afectos creados en esta relación, es decir el cómo nos sentimos respecto al otro y qué mueve el otro en nosotros; en el plano biológico es la interacción entre los sexos visualizando los niveles de placer y displacer además de los actos que conllevan a obtener ambos niveles; mientras que en el espiritual el ser humano encuentra en sí mismo el sentido de existir y reconocerse a sí mismo.

            Lo anteriormente planteado es aprendido en el primer núcleo social llamado familia y más cercanamente en la relación expresada con nuestra madre. La parcialización surge cuando no existe congruencia en lo depositado por madre o incluso cuando hay ausencia o carencia de aquellos agentes que debiesen ser posicionados por el agente externo. Por ejemplo, en los primeros meses de vida de un ser humano al no tener la posibilidad de valerse por sí mismo es la madre quien opera como un YO auxiliar, es decir, quien toma decisiones por el menor y quien sucumbe ante las necesidades que éste tiene, la incongruencia surge cuando el YO auxiliar se ausenta, tiene sentimientos ambivalentes por el menor o incluso se rehusa a amarlo. Por consiguiente ante el conflicto recreado al interior de un bebé, él tiende a volcarse a sí mismo convirtiéndose él en su YO auxiliar sin experiencia y parcializado, llegando con el tiempo a entender que el mundo es él, admirándose de sí mismo e invalidando lo que el otro hace, ya que la relación con el otro puede recordarle  lo que su madre hizo con él.

            Es entonces que al no salir de su mismidad e invalidar la relación con el otro, se propone inconscientemente a destruir al agente que no lo aceptó, no lo quiso e incluso que lo abandonó, pero para esto él tiene que estar por encima de él para lograrlo y esto únicamente lo hará a través del poder.

            Los personajes en “House of cards” persiguen el poder en mayor o menor medida. La trascendencia de los mismos está puesto hacia el cumplimiento de sus objetivos pasando por encima de los demás, utilizando mecanismos como la manipulación, la corruptibilidad y las traiciones a modo indirecto. Esto es claro en los personajes protagónicos de la serie Frank y Claire. El uno obsesionado por ser el presidente de Estados Unidos mientras que la otra está dispuesta a descubrir cuál es su papel en este camino al puesto más ansiado de cualquier persona en todo el mundo.

            La parcialización de Frank y Claire reside en la hostilidad de su figura de amor. En el primero se menciona a una madre dadora y en apariencia buena, gratificante y protectora, sin embargo, surge la incongruencia al no ser suficiente para defenderlo de un padre que lo amedrentó, coartó su amor propio y lo hizo refugiarse en la madre que no hizo nada. Ante esta situación, Frank formó a su sí mismo como un Dios mesiánico de las antiguas escrituras católicas donde a él le tenían que rendir tributo y obedecer sus mandatos pero cuando esto no fuera cumplido, él reaccionaba aniquilando a quien sea con todo su poder. Por tanto, es observable la relación fatídica de Claire con su madre, que es descrita como una mujer temible, incapaz de reaccionar afectivamente con su hija e incluso teniendo celos sexuales hacia ella por la relación obtenida de Claire con su padre. Ante esto Claire se personifica como una mujer fría y calculadora, inconmovible, castrante y manipuladora; es ahí donde ambos hacen clic, al tratar por todos los medios fantaseados o no, de aniquilar a la figura que tanto temor, abandono o necesidad de aniquilación les causó: la madre.

            Es entonces que Frank y Claire Underwood se relacionan a partir de la ley del espejo, tal como se planteó con Romeo; este espejo es mamá. En otras palabras marcan una relación narcisista donde ven en el otro lo que necesitan ver, sin embargo; llega un punto en que el espejo refleja la propia miseria y cuando ésta sale a relucir, el amor en apariencia dirigido al otro, se convierte en odio y necesidades activas de someter al otro mediante el sufrimiento.

            Narcisismo, patología y House of cards parecen que son sinónimos en la parcialización de la propia sexualidad.

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