Juana Inés

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Hace años fui fiel seguidor de la historia de mi país. Me congratulaba cada año, en cada desfile celebrando lo que grandes hombres habían hecho por nosotros al perpetuar la “libertad”. A pesar de que estos desfiles eran cansados me sentía orgulloso por la valentía, la perseverancia, el grado de lucha por la libertad de expresión, el amor a la patria y al entendimiento de que el pueblo tiene totalmente el poder de exigir, de decidir, de permear y mantener creciente un país.

Años después me fui enterando de la tergiversación de los escritos, de cómo muchos héroes fueron antihéroes, cómo otros más fueron vanagloriados con situaciones ficticias o elaboradas, otras más ni siquiera existieron y entonces entré en una terrible confusión al preguntarme qué de aquello escrito en muchos libros, posteado en muchas páginas de internet, verbalizado en radio y televisión… era un supuesto de verdad o un supuesto de mentira.

Entendí que francamente no lo sabría, todos los historiadores hacen una recreación de la historia que otros más les contaron, que otros más documentaron, así que entendí que la labor más fuerte que podría hacerse es mantener una crítica fuerte, informada e integral de lo que se plasmó en la historia de nuestro país. Fue entonces que me pregunté: ¿Cuál será el sentido de que en la escuela solamente nos enseñen “una embarrada” de lo que hicieron ciertos personajes ilustres? O, ¿Por qué se empeñan en meternos hasta el tuétano a personajes como Miguel Hidalgo, Francisco I. Madero, Pancho Villa, José María Morelos… hasta el mismo Cristobal Colón, entre otros?

No deseo pensar que exista algún tipo de conspiración o un asunto de ocultismo detrás del sistema educativo (no tengo información certera de que así suceda en todas las escuelas de nivel básico), pero sí que existe tal vez un sentido de deformación de la realidad integradora del pensamiento. Explico, lo externo de esta manera ya que actualmente es común que en todos los niveles escolares se ponga atención vital a modismos o fórmulas repetidas que funcionan en otros países y que se deje de atender la fórmula sobre la que funciona un país que está ampliamente relacionada con sus orígenes étnicos, culturales – filosóficos, antropológicos e históricos.

Fue entonces que hasta en mis inicios de preparatoria tuve la fortuna de enternecerme con las ideas vanguardistas, poéticas, filosóficas y feministas de una mujer que la historia no le ha hecho justicia.

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana. Es la imagen de la semilla en suelos no fértiles que aprende a crecer, adaptarse, embellecerse y fortalecerse sin importar el lugar en donde está sembrada. Es la imagen de lo que en el siglo XVII era impúdico, inmoral, prohibido, al punto de volverse obnubilada ante los ojos del clero y del alto poder eclesiástico. Una mujer que era representante del yugo que ejercía el patriarcado en una sociedad donde la mujer tajantemente era desprovista de toda posibilidad de intelectualizar, de gozar su sexualidad, de la imposibilidad de ser considerada una erudita o docta por haber nacido mujer. Una mujer en una sociedad aun visceral, acentuada por un pensamiento mágico – religioso donde se condenaba el razonamiento, el libre albedrío o el comportamiento individual que fuera en contra de los usos y costumbres de la época.

Es aquí donde yace la pregunta más interesante al hablar de Sor Juana; ¿qué habitaba en los adentros de una mujer con ideas y pensamientos rebeldes en el siglo XVII? Analicemos el siguiente texto:

Redondillas

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Cambatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Este poema, en concreto, tal vez es el más pronunciado por Sor Juana, -a ojos de la educación popular- revela la encrucijada de la mujer, la pregunta constante acerca de su origen y su proceder, inclusive abarca el menester de indagar acerca de lo que el hombre en sí mismo espera, busca y encuentra de la mujer y ésta misma vive con la idea constante de ser aquella que el hombre necesita que sea.

El escrito nos hace pensar en lo amurallada que se encuentra la idea de la mujer sobre sí misma, donde su concepto puede ir en función del nombre que le da el hombre. Una mujer que ante su desarrollo se muda constantemente a la idea del amor romántico, por impulso y/o en relación de poder, abandonado la idea de ser amada y amar desde el más profundo conocimiento de sí mismo y perpetuar ese flechazo individual consciente a la pareja con la que se comulga.

Es innegable el cuestionamiento al simbolismo del hombre, aquel que transgrede y dicta, aquel que le permite desear y poseer, aquel que juega y condena; al que se le endilgan patrones de éxito y actividad, pero es a éste mismo al que pertenecen la transgresión de los límites dictados, la represión de los impulsos, la falta de naturalidad y autoconocimiento. Es entonces que una monja que tuvo que trasvestirse un sinfín de ocasiones pudo tener más libertad que aquellos que de libertad aparente gozaban.

Todo esto me lleva a pensar en aquellas “Juana Inés”; mujeres encubiertas, aisladas, perseguidas por una sociedad que no tolera su existencia. Me lleva a pensar en aquellas que deciden constantemente – a pesar de lo que pueda significarles – explorarse constantemente, entender sus gustos, sus pasiones, sus deseos… Me lleva a pensar en aquellas que se pierden constantemente para volverse a encontrar, aquellas que pueden ver más allá del sexo sin miedo. Esto me lleva a entender a aquellas “Juana Inés” que no están dispuestas a seguir con un canon social sobre el deber ser y que se trasvisten constantemente para el otro mostrándoles lo que quieren ver pero sin perderse por dentro. Me lleva a pensar en la gran paradoja de sus elecciones, como Juana Inés, una mujer que buscaba un pensamiento libre y que decidió entregarse a las mieles de la institución católica, que en si misma es rudimentaria, primitiva y que entrena a la mecanización de la conducta pero entendiendo que todo ideal siempre implicará un sacrificio constante.

Lo anterior me lleva a pensar en cuánta libertad puede gozar una mujer ante los extremos sociales que se viven, pero también me lleva a pensar en aquellas que hoy en día siguen el molde al que Sor Juana exhaustivamente trataba de oponerse y que aún sigue existiendo.

Es curioso, a pesar de que los tiempos han avanzado, los extremos seguirán existiendo; por una parte aquellas mujeres que se aferran a encontrar el sentido de su vida; rebeldes, independientes, aguerridas y que son participantes sociales activas y por otro, aquellas que concurren en ser la sonrisa bonita, la modelo perfecta, la sumisión en comportamiento y el consolador de los hombres. Tal vez por ello la historia se ha empeñado en ocultar a mujeres como Juana Inés, tal vez ella no debe ser el modelo a seguir para muchos, tal vez no forma parte de la educación porque la idea primigenia de la inteligencia sigue estando en los hombres.

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