Humans of Torreón: Guadalupe M.

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“Cuando iba a cumplir apenas dieciocho años conocí a una persona allá en México, en Distrito Federal, que luego vino a casarse conmigo. Mi hermana se había casado con uno de allá, y yo estaba con ella y llevaba a mis sobrinas a la Villa de Guadalupe a dar gracias a la Virgen, y ahí lo conocí, en Villa de Guadalupe. Después que me regresé a Torreón, el vino, me pidió, y nos casamos por todas las de la ley.

Pero resulta que cuando me fui para allá, para México, a encontrármelo, me dejó abandonada en un hotel. Nomás vino a hacerme la desgraciada malobra de venir a casarse conmigo. ¿Por qué? Cosas del destino, como se dice. Imagínate cómo me sentí, allá, sin conocer a nadie; me salí del hotel porque el dueño del hotel me dijo “oiga hija, hace ya más de una semana que este señor vino y la dejó aquí”. Fíjate, no se presentó ni a pagar el hotel. Me quitaron lo que era toda mi ropa, me mandaron nada más con las prendas que traía puestas, me robaron mi equipaje, todo, para cobrarse el hotel.

Cuando hablé a Torreón, nadie me creyó, y entonces le reclamé a mi papá: “¡usted debió de haber sabido con quién dejaba a su hija!”. Qué Dios me perdone pero sí, los culpé a ellos. Y ese fue el primer chingadazo que me dio la vida.

Allá me puse a trabajar para regresarme y ¿qué crees?, cuando ya venía, yo ya estaba embarazada.

Se me perdió, se me murió, no nació: sólo Dios sabe por qué.

El tiempo pasó, no sé cuántos años, y volví a conocer a otro señor. Un pendejo, otra vez, yo creí que él me quería, y me casé de nuevo. Pero, ese cabrón, después de tener todos nuestros cinco hijos, también me dejó. Nunca se acordó de mí, de nosotros, nunca les compró ni unos zapatos. Y  se rencalentó con otra, obviamente, como son ustedes los hombres.

¡Así son todos, nada más andan buscando agujeros para ir a meterse como ratones!

Ahora, hace unos dos años, más o menos, regresa el cabrón, y sí, te lo digo así, porque dice que sigue enamoradísimo el hijo de la tiznada, de mí, ahora que tengo casa, que mi hija me tiene casa, y se quiere venir a acomodar el desgraciado. Hazme el tiznao favor. Qué chifle su máuser y que vaya y la desentierre el cabrón: ¿Cómo es posible que le haya salido el amor así de la nada? Que lo quemen en leña verde.

Y es que, perdona que lo diga así, es mi forma de pensar pero, el error fue de mis papás. Yo era una muchacha pendeja, por decirlo así, pendeja, porque no estaba como están ahora de maleadas. Mis papás vienen y me piden en matrimonio y me dan, así, “llévesela, que al cabo…” chingao, ¡como si fuera una méndiga mercancía! y ellos no me defendieron, me soltaron con cualquier cabrón, así, me regalaron con un pinche vestido blanco. Yo no quería, me casaron, la familia, como quién dice: se querían deshacer de mí. ¿Causa, motivo, razón? Quién sabe.

Pero mira, ese día, el que yo ya me iba a casar, yo presentía algo y me quité el vestido de novia, y me despeine y vamos a la tiznada, así sucedió. ¡Y me obligaron, me obligaron a irme a la Iglesia! Me lloraron, mi mamá, mi hermana, que no lo hiciera que porque los iba a dejar en ridículo y que la gente se iba a pensar esto y lo otro. ¡Por el méndigo qué dirán de la gente! ¡Todavía siento rabia! ¡Por el pinche qué dirán de la gente!

No sé si me entiendas, aún duele. Es un destino muy desgraciado el que me tocó. Pero mírame aquí, todavía…”.

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