Unión y discordia en la marcha por el Día Internacional de la Mujer

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“¡Las maternidades están presentes!” se escuchó por las bocinas, instaladas para los discursos programados aquel día.

El templete, colocado justo enfrente del balcón por el que el presidente de México sale a dar el grito de Dolores cada aniversario de la Independencia, contemplaba un desorden. Mujeres integrantes del Frente Feminista Radical, Crianza Feminista y Maternidades Feministas, querían subir por la fuerza para leer sus declaraciones.

Por espacio de una hora, los discursos habían venido mayoritariamente de sindicatos, como el Mexicano de Electricistas (SME) y el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM).

El desencuentro llegó a los insultos y algunos golpes. Pero los colectivos lograron subir por la parte trasera del templete. Las representantes sindicales intentaron en un primer momento mantener la atención del público en el mítin, diciendo por los micrófonos “la lucha está aquí enfrente, compañeras”.

Después, cuando las radicales las superaron y obligaron a bajar, retiraron el uso del micrófono. Lo último que se logró escuchar a través de las bocinas fue una voz en tono bajo, captada tal vez por accidente, que dijo: “No les pases el micrófono.”

Abajo, entre el público, los comentarios variaban entre los asistentes y representantes de organizaciones. Entonces alguien gritó: “¡Pinches sindicatos!”

Eran alrededor de las 19 horas del 8 de marzo. El Día Internacional de la Mujer.

La marcha: objetivo Zócalo.

 8 de marzo del 2019. Las 15 horas. Grupos caracterizados por la presencia del color morado y/o verde en sus prendas comenzaron a congregarse en el Ángel de la Independencia, Paseo de la Reforma. La marcha para conmemorar la lucha de las mujeres alrededor del mundo – originalmente una celebración obrera – estaba planeada para empezar a las 16 horas, pero se pedía una hora de antelación para salir puntuales.

Una hora después, la masa se transformó en una serpiente de alrededor de 8,000 personas de longitud, que comenzó a transitar y a hacer oír sus consignas por la antigua Avenida de la Emperatriz, caracterizada por la presencia de 77 estatuas de personajes ilustres de la historia de México, de las cuales, según reportó El Universal, sólo quedan 67 en el Paseo.

La serpiente morada y verde – colores que representan las dos exigencias principales de las mujeres en el país: alto a la violencia y derecho al aborto – estuvo liderada en un principio por familiares de víctimas de feminicidio, y custodiada por mujeres ciclistas, que formaban un perímetro al que no podían acceder hombres.

Para ese día, ya había pasado más de un mes de la llamada “marcha de la emergencia”, convocada como rechazo a los casos de secuestro a mujeres en el Sistema Colectivo Metro y la reacción indiferente de las autoridades con respecto al tema, relatada en Red es Poder.

Un mes más tarde, la situación de las mujeres en el país se ha mantenido igual de crítica, y sus derechos sufrieron reveses importantes desde entonces. Tan sólo días antes, el 5 de marzo, el congreso de Nuevo León aprobó con 30 votos en favor, 8 en contra y 2 abstenciones, una reforma al artículo 1ro constitucional, para reconocer el derecho a la vida “desde la concepción”, con lo que ilegalizó y penalizó formalmente el aborto en el estado, como reportaron medios como Animal Político y La Jornada.

Esta reforma no sólo hizo eco en las consignas de protesta que resonaron por el Paseo de Reforma tres días después. El mismo 8 de marzo, Lilly Téllez, senadora federal por Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), dijo durante una entrevista con Ciro Gómez Leyva para Radio Fórmula, que estaba pensando en una iniciativa de ley para penalizar el aborto en todo el país.

La Ciudad de México fue la primera entidad en el país – y hasta el momento la única – en despenalizar la interrupción del embarazo en 2007, hace 13 años. Téllez, militante de un partido que se identifica con la izquierda, llamó por su parte a que los estados “no tienen que seguir los pasos de la CDMX” y que, por el contrario, es la capital la que tiene que “corregir su rumbo”, como reportó Adn político.

La propuesta vino después de una controversia el día anterior, el jueves 7, cuando la senadora representante del estado de Sonora, reprochó a la senadora Patricia Mercado, del Movimiento Ciudadano, por haber dejado una pañoleta verde en su curul, cosa que fue celebrado por grupos de ultraderecha como el Frente Nacional por la Familia en Twitter con el hashtag #NoQueremosTraposVerdes.

 

Pañoleta verde como las que ondeaban amarradas en las muñecas de las manifestantes unas horas después, en su paso por una de las avenidas más importantes de la capital. Los coros tronaban en una parte de la manifestación u otra. El tema del aborto era central en muchos de ellos: “Aborto sí, aborto no, ¡eso lo decido yo!”, “aborto legal, ¡derecho fundamental!” y “asesinos son ustedes, en abortos clandestinos las que mueren son mujeres”.

También reverberaron cánticos contra la violencia hacia las mujeres en el país, como “no fue crimen pasional, ¡fue un macho patriarcal” y “verga violadora a la licuadora”, este último coreado en especial por los contingentes separatistas, quienes iban justo detrás de la cabeza de la manifestación.

Así, la serpiente bicolor dejó atrás la Glorieta de la Palma, donde ocuparon tanto los carriles con dirección norte como los que tienen destino hacia el sur. Los primeros fueron ocupados por los familiares de las víctimas y los colectivos feministas, y los últimos fueron la zona de tránsito de los contingentes sindicales, donde las banderas del SME y de la Nueva Central de los Trabajadores fueron las más numerosas.

Con dicha plaza, también dejaron atrás el Anti Monumento a Pasta de Conchos, instalado el 19 de febrero – exactamente 12 años después de la tragedia – por familiares de los 65 mineros que quedaron sepultados tras el derrumbe de la mina coahuilense, después de una marcha que inició en el Hemiciclo a Juárez, que ahora, el 8 de marzo, la manifestación feminista tendría que pasar para llegar al Zócalo, el objetivo fijado.

El antimonumento consiste en un “65+” hecho de metal y pintado de color rojo, que porta los nombres de los mineros fallecidos y fue colocado en la esquina de Reforma con Río Rhin, cerca de la Bolsa de Valores Mexicana.

Con tambores, consignas, y con una camioneta Ranger de la marca Ford –que llevaba una manta en que se leía con letras verdes “aborto libre, seguro y gratuito” – sirviéndoles de heraldo, de Sancho Panza, la marcha continuó por las dos direcciones de Reforma.

Algunos contingentes, especialmente del lado de los sindicalistas, aprovecharon el paso por el campamento de los familiares de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotnizapa, instalado frente a las oficinas de la Procuraduría General de la República (PGR) en Reforma #211 el 20 de marzo de 2017, para gritar la consigna de “¡Ayotzi vive, la lucha sigue!”.

La serpiente de las dos cabezas continuó, y pasó el Monumento a Cuauhtémoc. Cerca de ahí, frente al Senado de la República, una concentración del Partido de la Revolución Democrática (PRD), impedía el paso para los contingentes feministas y los familiares por los carriles dirección norte, por lo que tuvieron que pasar a los carriles ocupados por los sindicalistas, haciendo a la serpiente de dos cabezas tener sólo una.

Una de las ciclistas que conformaba el perímetro de seguridad para los familiares gritó mientras la marcha dejaba atrás la concentración perredista: “¡Fuera partidos políticos llenos de violadores!”

La aparición de simpatizantes del PRD en la marcha por el Día de la Mujer – antaño el partido emblemático de la izquierda liberal mexicana –, vino después que el partido pospusiera su elección de dirección interna para el segundo semestre del año, lejos del 28 de abril que su congreso nacional había fijado como la fecha de la elección, como reportó el Sol de México el 6 de marzo.

La razón del cambio de fecha, según Camerino Eleazár Márquez, representante del partido del sol azteca ante el Instituto Nacional Electoral (INE), es que entre marzo y abril, el partido hará una depuración de su padrón electoral, pues aunque 7.5 millones de afiliados, afirmó que la cifra “no es real”, cosa que se demostró en las elecciones del año pasado, donde sólo obtuvo el 2.8% de los votos a nivel nacional, según reportó Nación321.

Después de esta desviación, la marcha retomó los carriles dirección Indios Verdes, ahora como una sola manifestación. Los representantes sindicales aprovecharon para ponerse al frente, lugar que mantuvieron el resto de la marcha.

Las 17 horas. La serpiente bicolor llegó al segundo Antimonumento que debía dejar atrás para llegar al Zócalo: el de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en la Esquina de la Información. El cielo estaba despejado, y la temperatura llegaba a los 26 grados centígrados. Las organizaciones a la cabeza se detuvieron, contaron hasta el número de los desaparecidos, y al grito de “¡Justicia!”, siguieron su camino.

Pasaron el Hemiciclo a Juárez, y después de una nueva pausa antes de Eje Central Lázaro Cárdenas para dejar a los últimos automóviles pasar, entraron al Eje y lo usaron para llegar a la Avenida de Cinco de Mayo.

A este tramo del recorrido entraron en un principio sólo los contingentes sindicales y una parte de las mujeres que iban por cuenta propia, pues los colectivos feministas se quedaron frente al Palacio de Bellas Artes para contemplar perfomance de protesta y la instalación de un nuevo antimonumento, esta vez, dedicado a su lucha, la lucha feminista, colocado en la acera contraria al Palacio, por la entrada a una sucursal de la Librería Gandhi.

En la Cinco de Mayo, las bocinas hacían tronar la voz de una mujer, que anunciaba la pronta llegada al Zócalo e invitaba a la asistencia de los transeúntes, pues sería ahí donde se leería el pronunciamiento de las distintas organizaciones, las cuales, según la misma oradora, organizaron la marcha durante siete semanas.

Alrededor de las cinco y media, dicha llegada al Zócalo capitalino tuvo lugar. El reducido número de manifestantes – entre 200 y 300 – se acercaron al templete, ya colocado frente al balcón presidencial del Palacio Nacional.

Ya en el lugar, ayudadas por el equipo de sonido instalado para los discursos, y con el templete rodeado por carpas dispuestas para el plantón de aproximadamente 300 personas desplazadas por la violencia sufrida en el país – provenientes sobre todo de los municipios de Zitlala y Leonardo Bravo, en Guerero –, iniciado a mediados de febrero, las representantes de las organizaciones sindicales leyeron su pronunciamiento, donde instaban al gobierno federal de la “Cuarta Transformación” a “cobijar y reivindicar los derechos de las mujeres”.

La declaración estaba firmada por sindicatos y organizaciones como el SME, el STUNAM, la Nueva Central de los Trabajadores, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) – fracción sindical del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) –, la Unión General de los Trabajadores de México, el Sindicato Nacional de Trabajadores del Instituto Mexicano del Petróleo, entre otros.

También expresaron rechazo contra la Guardia Nacional, aprobada recientemente por el Congreso de la Unión, contra el cierre de albergues para mujeres víctimas de violencia y las estancias infantiles, y llamaron a las autoridades a que “dejaran pasar” al resto de los contingentes para que unieran a ellos en la plancha del Zócalo.

Unión y discordia: las diferencias entre los contingentes.

 

Mientras que el resto de contingentes se reunía a las y los congregados en el Zócalo, algunas mujeres contaron sus razones para estar en la marcha y sus opiniones sobre la violencia sufrida en México y los pronósticos para el nuevo gobierno federal, que lleva poco más de 100 días en funciones.

Jacqueline, de 21 años, confesó que era la primera vez que asistía a la marcha por el 8M, y afirmó que la actual situación de violencia se debe a que “la verdad es que no ha habido una legislación como que muy fuerte para darle solución a estos problemas.”

También opinó que una parte de la responsabilidad está en que las mujeres no se queden calladas, porque “Yo pienso que mientras más evidenciemos lo que está pasando o lo que está mal, yo creo que va a haber un cambio.”

Yadira Montserrat, de 29 años, por su parte, mencionó que la situación bajo el actual gobierno “me preocupa porque a lo largo de estos más de 100 días de gobierno la política que tiene que ver con las mujeres, ha sido una de las que se dejó hasta el último” y que “No sé qué esperar, porque el hecho de que se declaren extintos los refugios, o que se apueste por darles dinero a los abuelos para el cuidado, pues no es alentador.”

La educación (o la falta de) como principal causa de la violencia hacia la mujer, fue la opinión que compartieron Imelda y Adriana, de 62 y 60 años de edad respectivamente.

“yo creo que las mismas madres ya tenemos la culpa de que no educamos bien a los hijos, porque ya hay mucho hombre que ya no tiene los mismos valores ni nada, entonces es lo que hace que haya mucha violencia contra la mujer”, afirmó Imelda, que concordó con la declaración de Adriana, hecha minutos después, quien aparte de responsabilizar la educación de los hombres, afirmó que “no se les ha dado un lugar a las mujeres en la sociedad.”

Por otro lado, Carmina, de 70 años, afirmó que lleva “aproximadamente 30 años” participando en movimientos en defensa de los derechos de la mujer, y que el clima de violencia contra las mujeres “no es nada nuevo”, si no histórico, cultural y político, pues las instituciones “no han respondido correctamente a las necesidades de las mujeres.”

Afirmó que una de estas instituciones es la familia, pues “también es una de las instituciones que propician mucho la violencia hacia las mujeres” y que, ante la pregunta si cree que las cosas mejorarán este sexenio, respondió que “Bueno, por eso estamos aquí. Porque debemos de seguir luchando porque esta situación cambie. No estamos esperando que se nos de graciosamente concesiones. Estamos luchando aquí por nuestros derechos, y lo que sería inadmisible es que retrocediese en los derechos que ya hemos ganado.”

Poco después de estas declaraciones, a las 18 horas, el resto de los contingentes llegaron a la plancha del Zócalo. Buena parte de ellos entraron por la Avenida de Francisco y Madero, enteramente peatonal, y ya en la plancha, integrantes de algunos colectivos, buena parte encapuchadas o cubiertas con frazadas, aprovecharon para pintar en el suelo con pintura en aerosol y esténciles mensajes como “Ni una menos”, “Dueña de mi misma”, “el porno es la teoría, la violación la práctica” y “Muerte a la iglesia violadora” en la parte más cercana a la Catedral Metropolitana de la capital.

Los contingentes estaban dispersos, pero algunos se acercaron al templete, sobre el cual las organizaciones sindicales seguían presentando sus declaraciones. En algún momento, un trío de mujeres vestidas de rojo subió a cantar algunas canciones de solidaridad, con bajo eléctrico y guitarra acústica en mano.

Después fue que el Frente Feminista Radical, el colectivo Crianza Feminista y Maternidades Feministas subieron por la fuerza al templete, retirando a las organizaciones sindicales.

El público se deshizo en consignas dispares. Algunas pidieron unidad del movimiento, y rechazaron el uso de la violencia para tomar la palabra. Otras pidieron que se les dejara hablar, y que se les pasara un micrófono a las compañeras para escucharlas mejor. Algunas voces clamaron contra los sindicatos, diciendo que “no representan a las mujeres”.

En el templete, una oradora de Maternidades Feministas afirmó que “tenemos que poner en la agenda política el trabajo doméstico de las mujeres y llamó por la prohibición de la pornografía y la prostitución “no por el hecho en sí, si no porque constituyen la industria del sexo.”

Ante los contantes gritos y reclamos por los insultos y golpes que se propiciaron para poder estar sobre el templete, una integrante del Frente Feminista Radical exclamó que “dejen hablar a las madres, las madres son la base de la sociedad.”

Para las 19 horas, el resultado de la marcha eran eventos dispersos y muchos grupúsculos sentados en la plancha del Zócalo, apenas visibles por la cada vez más escasa luz solar. Poco antes, cerca de Madero, un grupo de religiosos cristianos ofrecían visiones sobre las escrituras y el pecado de la mujer cuando los colectivos feministas más cercanos comenzaron a corear “mi cuerpo es mío, sólo mío y sólo mía la decisión.”

“Alabado sea Dios”, intentó usar como contraataque el hombre, acompañado de dos mujeres que cantaban temas religiosos, antes de ser superados, por lo que se retiraron momentáneamente.

Por otro lado, cerca del Palacio Nacional, el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS) y su frente feminista Pan y Rosas ofrecieron discursos a los manifestantes que quisieron acercarse a sus mantas roja y morada, donde intentaron ligar la opresión de la mujer con la lucha por los derechos de los obreros.

En el templete, la desorganización permitió a otros colectivos e individuos aislados subir para externar sus opiniones sobre la discriminación que sufren mujeres y minorías – como los homosexuales – en México. Una mujer de unos 60 años de edad aprovechó para despotricar contra los transexuales, al decir que “eres mujer o eres hombre, esa es la naturaleza”, por lo que se escucharon gritos de “¡Bájese, señora!” de parte de la multitud.

A las 20 horas, ya no había motivo para estar en la plancha del Zócalo. Los contingentes se retiraban poco a poco y silenciosamente. Sólo algunos grupúsculos seguían en el suelo, platicando sobre los resultados de la marcha.

Había concluido la jornada por el Día Internacional de la Mujer. Por la zona de la plancha más cercana a la Avenida de Madero, una de las religiosas expulsadas volvió a instalar su bocina y se puso a hablar del pecado y de Sodoma y Gomorra, a la luz morada que los edificios del Primer Cuadro de la capital lucían en conmemoración por el 8 de marzo.

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