Sábado de cuentos: Socios del hambre

Los hombres eran como el barro: porosos y oscuros como el pan quemado. Una tolvanera les acribilló los pechos desnudos. Bajaron del camión. Cuidaron de no estropear las ramas y los bultos.

Tenían hambre. Eran cuatro panes escuálidos, cuatro pares de pies persignados.

Se apoltronaron sobre las ruinas del combate. Miraron con indiferencia al cielo. Uno de ellos, el más joven, se comía la mugre de las uñas.

Ya no se oían los disparos. La guerra deshabitaba las calles, se depositaba en los estómagos.

La consigna era matar y mataron, pero no podían matar el hambre que avanzaba, desalmada, comiéndoles la vida.

Los hombres se miraban unos a otros, se desafiaban desenfundando sus hambres.

Ya la luna se devoraba las últimas migas del día. El hambre crecía y crepitaba en la hoguera hecha de silencios y de acuerdos tácitos.

Uno de ellos trepó ágil al camión. Por sobre la redila arrojó un bulto. Los demás se congregaron lentos, religiosos.

Eran respetuosos de las consignas: matarían al hambre.

Sólo la voz adolescente del soldado quebró el ruido de esa matanza silenciosa.

           — ¡Quiero las manos del comandante!

Foto extraída de “Te interesa”.

 

 



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