Sábado de cuentos; Sobre los tenis que colgó la tía Carmela, por Gerardo Pineda

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-Pues que Dios lo tenga en sus Santa Gloria, ¿no?, y, bueno, pues ¡salud! Válgame, el primer brindis sin José Luis -ésa fue la tía Carmela, hermana de mamá. Dándole una propina de su salud al tío José, un honor simbólico nomás, desde su caballito de Don Julio.

La tía Carmela es más grande que mamá, vive en una casona de Lerdo. Me acuerdo bien que de niños siempre tuvo un tazón de dulces sentados en un banquito que acomodaba en el porche. Muy amable, mi tía. De grandes, cambió el tazón por una tina de cervezas para mis primos y yo: la única mujer de la generación.

José Luis, mi tío, murió un domingo de enero, hacía un frío terrible y todavía nos hizo caminar casi borrachos hasta la plaza de armas para colgar los tenis en el cable de luz que está enfrente de la banquita que siempre fue de su esposo, siempre a sus sesenta, pues, allí acostumbraba fumarse unos dos delicados todos los miércoles por la noche. Recuerdo que los tenis blancos del tío provocaron un sismo en el cableado, otros dos pares de tenis allí se tambalearon junto con los Flexi recién llegados. Al cabo de un rato se calmaron y mi tía les pudo dar la bendición.

Y hoy, precisamente, que es miércoles, estoy aquí mismo: me vine a ver los tenis mareándose con el aire; arriba de mí, quiero ver si es cierto que se bajan solos y se ponen debajo de la cama de la tía Carmela.

Aquí no pasa nada, dejo que Tinder me distraiga a veces, pero me la he pasado con los ojos en los Flexi blancos del tío, me cuesta creer que vayan a bajarse y a andar de aquí hasta allá. Claro que esto no es de mi incumbencia pero, creo que mi tía no nos creerá que son puras invenciones si no se lo compruebo yo y le digo que me estuve aquí y los tenis no se movieron.

Ya llevo cinco cigarros, unas tres horas y el tío no ha venido a recoger sus tenis; todavía están los tres pares allá arriba, puede ser que el tío ya se hizo amigo de los otros dos muertitos y ahorita anden de parranda. En fin, me parece mala idea ahora documentar esta tontería. Escribiré hasta que algo más suceda.

Dormí. Los tenis del tío ya no están, hay sólo dos pares en el cable. Tengo cosquillas en los pies de los nervios: no puedo creerlo. Fumaré un cigarrillo más y les seguiré la pista, no pueden estar tan lejos.

Es el aire, el tío José Luis está en el viento, puedo ver los tenis rodando como nubes de desierto: suelas, cintas, suelas, cintas raspándose contra el pavimento. Ruedan los tenis juntitos, tomados de las cintas como amantes, traen el ritmo de dos bailarines enamorados, va uno al frente y luego el otro se adelanta; de cuando en cuando se detienen entre las cuadras y se revuelcan entre ellos, husméandose los interiores como si fueran besucones adolescentes. Me cosquillean más los pies, ya están cerca de la casona de la tía Carmela: debe estar dormida.

Ya llevan quince minutos adelante del portón de mi tía. Ya no sopla el aire. ¿Dónde está el tío José Luis? Pensé que tocaría la puerta y que la tía les daría entrada. Debe seguir dormida. Me da miedo intervenir, pero el tío José ha de estar desesperado por verla, abriré yo.

Hay que estar loca para llevar unos tenis fantasmas hasta el cuarto de la tía Carmela, pero ya los dejé al cuadro de la puerta. Vi, con mis propios ojos incrédulos, que caminaron, paso por paso, hasta el borde de la matrimonial donde descansa mi tía. Es increíble, que entre el viento por la ventanilla y que se levanten las sábanas como si alguien entrara a dormir, y que se le muevan las canas a mi tía Carmela, que se le agiten los cabellos como si dos dedos se pasearan por su coronilla con una caricia en forma de saludo.

Suenan mis primos en el patio; deben de ir por la quinta tina. Debo salir de aquí, mi misión está cumplida.

Acabo de pasar por el cuarto de la tía Carmela y vi algo en el reflejo de la ventana: un hombre, era el reflejo de un hombre que no era el tío José Luis, acostado a un lado de la tía. Me agaché para ver los tenis y no eran los Flexi; no eran, debí haberme confundido, debí haber visto que eran otros tenis los que se habían caído del cable. Iré a sacar los tenis de la habitación.

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