No se mide el peligro “Son ratoneras, pero los ricos, con el afán de sacar dinero, sacan carbón. Uno de fregao qué hace; tú lo que quieres es llevarle dinero a la familia pa’ mantenerla, no mides el peligro”, dice Antonio Herrera, un exminero sexagenario, ahora velador en Micarán. Don David tiene una teoría distinta, dice que “la mina ingre”. Y cuando dice que “la mina ingre”, la gente de acá, los carboneros de pura sangre, se refieren a esa extraña adicción al peligro, al riesgo, como una obsesión, un llamado de la sangre a escudriñar en las fauces de la tierra, sin importar la vida. “Lo traes en la sangre”, dice Antonio Herrera, exminero. “A Beto muchas veces le dije, ‘vete a la fábrica mijo’. Él decía, ‘no apá, aquí ando a gusto’, a pesar de los riesgos que corría, él andaba a gusto. No, digo, pos… le tocó mala suerte y se lo llevó la mina”, dice, como si se hubiera tratado del azar, del destino. Chinaco fue el tercer minero que sacaron, y cuando sacaron a Chinaco, se lo trajeron a enseñar a don David. Fue el domingo 6, a las 6:30 de la mañana. La voz es la de alguien que conoce los riesgos de la Región Carbonífera de Coahuila. De alguien que sabe que no es la primera vez que ocurre una desgracia como la de Humberto Rodríguez Ríos, Chinaco, 41 años. Seguido en esta Región Carbonífera suceden tragedias mineras por la falta de vigilancia y supervisión de las autoridades del trabajo en los yacimientos. Los pobladores de por acá dicen que a causa de la corrupción. Y algo tienen de verdad, cuando por lo menos 60 accidentes fatales han ocurrido en 15 años, y solo en la mitad de ellos se impusieron multas a las empresas por violaciones a la ley, según información que entregó la STPS.

No se mide el peligro “Son ratoneras, pero los ricos, con el afán de sacar dinero, sacan carbón. Uno de fregao qué hace; tú lo que quieres es llevarle dinero a la familia pa’ mantenerla, no mides el peligro”, dice Antonio Herrera, un exminero sexagenario, ahora velador en Micarán. Don David tiene una teoría distinta, dice que “la mina ingre”. Y cuando dice que “la mina ingre”, la gente de acá, los carboneros de pura sangre, se refieren a esa extraña adicción al peligro, al riesgo, como una obsesión, un llamado de la sangre a escudriñar en las fauces de la tierra, sin importar la vida. “Lo traes en la sangre”, dice Antonio Herrera, exminero. “A Beto muchas veces le dije, ‘vete a la fábrica mijo’. Él decía, ‘no apá, aquí ando a gusto’, a pesar de los riesgos que corría, él andaba a gusto. No, digo, pos… le tocó mala suerte y se lo llevó la mina”, dice, como si se hubiera tratado del azar, del destino. Chinaco fue el tercer minero que sacaron, y cuando sacaron a Chinaco, se lo trajeron a enseñar a don David. Fue el domingo 6, a las 6:30 de la mañana. La voz es la de alguien que conoce los riesgos de la Región Carbonífera de Coahuila. De alguien que sabe que no es la primera vez que ocurre una desgracia como la de Humberto Rodríguez Ríos, Chinaco, 41 años. Seguido en esta Región Carbonífera suceden tragedias mineras por la falta de vigilancia y supervisión de las autoridades del trabajo en los yacimientos. Los pobladores de por acá dicen que a causa de la corrupción. Y algo tienen de verdad, cuando por lo menos 60 accidentes fatales han ocurrido en 15 años, y solo en la mitad de ellos se impusieron multas a las empresas por violaciones a la ley, según información que entregó la STPS.

No se mide el peligro “Son ratoneras, pero los ricos, con el afán de sacar dinero, sacan carbón. Uno de fregao qué hace; tú lo que quieres es llevarle dinero a la familia pa’ mantenerla, no mides el peligro”, dice Antonio Herrera, un exminero sexagenario, ahora velador en Micarán. Don David tiene una teoría distinta, dice que “la mina ingre”. Y cuando dice que “la mina ingre”, la gente de acá, los carboneros de pura sangre, se refieren a esa extraña adicción al peligro, al riesgo, como una obsesión, un llamado de la sangre a escudriñar en las fauces de la tierra, sin importar la vida. “Lo traes en la sangre”, dice Antonio Herrera, exminero. “A Beto muchas veces le dije, ‘vete a la fábrica mijo’. Él decía, ‘no apá, aquí ando a gusto’, a pesar de los riesgos que corría, él andaba a gusto. No, digo, pos… le tocó mala suerte y se lo llevó la mina”, dice, como si se hubiera tratado del azar, del destino. Chinaco fue el tercer minero que sacaron, y cuando sacaron a Chinaco, se lo trajeron a enseñar a don David. Fue el domingo 6, a las 6:30 de la mañana. La voz es la de alguien que conoce los riesgos de la Región Carbonífera de Coahuila. De alguien que sabe que no es la primera vez que ocurre una desgracia como la de Humberto Rodríguez Ríos, Chinaco, 41 años. Seguido en esta Región Carbonífera suceden tragedias mineras por la falta de vigilancia y supervisión de las autoridades del trabajo en los yacimientos. Los pobladores de por acá dicen que a causa de la corrupción. Y algo tienen de verdad, cuando por lo menos 60 accidentes fatales han ocurrido en 15 años, y solo en la mitad de ellos se impusieron multas a las empresas por violaciones a la ley, según información que entregó la STPS.

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