La película no es perfecta. Varias cosas salieron mal. Entre ellas la introducción de un exceso de personajes, un villano que actúa sin motivos y un guion que a veces es demasiado simplón y sin ningún tipo de sorpresas. El verdadero espíritu del filme está en las cosas que no quiso decir pero sin querer se plantearon varias problemáticas.

Otro grave error del director, Zack Snyder, fue prestar tonalidades de Watchmen, una novela gráfica de superhéroes pero no de aventuras. Batman y Superman no fueron creados para reflejar los problemas y depresiones del hombre y su gobierno; ni mucho menos para adentrarse en crisis globales profundas.

Para entender la película hay que tener claro que al igual que en los cómics, cada representación visual de un superhéroe es y debe ser distinto al anterior. Por eso el Batman de Christian Bale es muy distinto al de Ben Affleck porque son otros universos. Lo mismo con el Superman y los otros personajes metidos en la mezcla.

Aquí empieza la gran diferencia. El hombre murciélago de esta última entrega carga con un interesante bagaje de problemas: es sociópata, drogadicto y le pesa el asesinato de su pareja vigilante. Se le ve sufrir casi toda la película mientras busca la definitiva autodestrucción. Es demasiado sensible y humano.

Clark Kent, el alien, por su parte, también sufre por su propia naturaleza de outlaw. Vino a la Tierra para ser un dios pero el sólo quiere una familia con su compañera de trabajo. También sufre demasiado porque no le gusta su trabajo y parte de Norteamérica lo ve como una mass weapon.

El problema más presente de la película es una obviedad: existe en un mundo donde también Marvel produce películas para niños. La gente quiere reírse también y no compartir las ideas suicidas que los héroes de su infancia han desarrollado.

Batman y Superman no pueden vivir en un mundo así, pero los dos tienen una responsabilidad aún mayor. Tienen que hacerlo. El Batman casanova ahora es un hombre que seguramente tiene problemas eréctiles y Superman quiere llegar a tercera base todo el tiempo.

Existen, además, varias razones para pensar que la película habla sobre los problemas de la homosexualidad y el racismo en una cultura moderna. Tanto reproche y odio contra el humano diferente cuando en realidad nuestra respuesta debería ser otra.

Norman Mailer, en su novela, Los tipos duros no bailan (1984), explica que existe siempre una latente homosexualidad escondida entre una rabiosa mirada masculina. La competitividad entre ellos nutre aquella tendencia. Batman y Superman se atraen.

La discriminación y el sufrimiento es la fuente de su amor. Nadie puede comprenderlos como ellos mismos pueden. El mundo Marvel no tiene ningún tipo de competencia. Aquí hay otro tipo de argumento. Uno real y humano. No son superhéroes porque salvan al mundo. Así los ve la sociedad. Lo son porque luchan contra ellos mismos todo el tiempo. La modernidad por fin alcanzó al cine en el lenguaje de las mega producciones.

Tal vez un recorte de todas las confusas sub tramas hubiera hecho una película más aceptada. Cuando atravesamos la neblina el mensaje llegará a ser claro. Batman v Superman algún día tendrá el respeto que se merece. Aunque tal vez no sea pronto.

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