La India es el segundo país más poblado del mundo y el tercero en producto interno bruto. Forma parte de las diez economías más fuertes del orbe y cuenta con la mayor fuerza de trabajo de toda la tierra con 500 millones de personas. Su independencia, por allá de 1947, fue lograda a partir de un movimiento pacífico liderado por Mahatma Gandhi y, hoy en día, forma parte del grupo de los BRICS, que son las potencias económicas emergentes del mundo, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

A pesar de todos estos datos, en el cine occidental, la India siempre ha sido planteada como un país sin clase media, envuelto en la mierda y atestado de gente con un acento particular.

En los Simpson, por ejemplo, Raj, el dueño del súper mercado, es construido como una persona ignorante, machista, llena de hijos, morena y vulnerable. Por otra parte, en Master of None, serie cómica de Netflix, Dev Shav, protagonista de la historia, es un actor americano de ascendencia india que lucha contra los estereotipos raciales. En un capítulo, incluso, entra en un conflicto porque le ofrecen en un casting un papel en el que tendría que interpretar a un indio, y el chiste del personaje es que éste tendría que hablar con el acento muy marcado para hacer mofa de él. Dev, siguiendo sus principios y molesto por la gigantesca oferta que tenía sobre la mesa, decide rechazarlo al no estar de acuerdo con ese estereotipo.

Todo este antecedente lo menciono a raíz de la película “Lion” o “Un camino a casa”, historia que narra la vida de Saroo Brierley, un empresario que de niño se perdió en una estación de tren después de haber estado trabajando con su hermano para llevar algo de comida a su madre que se dedicaba a remover escombros con las manos.

La película  muestra la vida de un niño que tuvo que enfrentarse a las bulliciosas calles de Calcuta sin comida, ni ropa, ni familia que vieran por él. Un día, después de escapar de una señora que lo quería vender para que fuera traficado, es recogido por la policía y enviado a un orfanato. En éste, a pesar de las carencias, su vida comienza a mejorar a tal punto que una familia australiana se interesa por él y lo manda pedir en adopción. Él, de la noche a la mañana, se convierte en miembro de una familia australiana acomodada.

Saroo, después de varios años, se convierte en un joven emprendedor, con gran sentido de la vida y con un vacío enorme: su pasado, su madre, su hermano, su identidad y su casa.

Después de una larga investigación y de serias disputas con su pareja y familia, Saroo decide recluirse en su casa para investigar de dónde vino para, en algún momento, ir hacia el lugar que lo vio nacer para decirle a su madre biológica y a su familia que estaba bien.

La historia, como lo dije al principio de este texto, también cae en varios clichés que remarcan la pobreza de la India. Dev Patel, quien se hiciera famoso por su papel en Skins y en Quisiera ser Millonario, interpreta de buena manera a Saroo Brierley pero también afianza la idea que en su momento plantearon Los Simpson; un indio siempre va a ser una persona de escasos recursos que, si progresa, podrá contar su historia aspiracional en un libro o en una película.

A pesar de estas características, el director Garth Davis supo aprovechar la historia para sacarle jugo y conmover a la audiencia. La película fue nominada a varios premios de la academia y su calificación por medio de varios portales como Rotten Tomatoes fue muy favorecedora.

En este Domingo Palomero, si lo que quieren es un momento emotivo y que los conmueva hasta las lágrimas, con Lion podrán conseguirlo.

La película la pueden encontrar en plataformas como Netflix con el nombre de “Un camino a casa”.

 

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