Hace unas semanas reseñamos en este mismo espacio la gran “Her”, de Spike Jonze, que toca el tema de la inteligencia artificial desde la posibilidad de que un ser humano se pudiera enamorar de un sistema operativo. En esta película el tono rosa y crudo al mismo tiempo te hace notar que, por más ficticia que parezca, ese fenómeno está muy cerca de desbordarse y filtrarse a través de las sienes de los seres humanos.

Ex Machina es algo similar y a la vez contrastante.

Un programador de una empresa similar a Google es seleccionado para pasar una semana con el dueño de la compañía, el magnate, súper genio y súper geek “Nathan”, quien, al conocer a “Caleb”, el ganador del concurso, le genera una imagen impactante e irreal de cómo debería ser un geek multimillonario.

Esta película no merece que yo, sin ser un experto, revele datos importantes de la historia, pero lo que sí puedo asegurar es que, a lo largo de mi vida, he sido un fiel enemigo de la ciencia ficción. Muchas veces me he preguntado por qué soy así; no soy experto, no leo cómics, no me devoré los libros de Stephen King ni los de Philil K. Dick, tampoco vi la saga de Star Wars y odio a los súper héroes, pero aún así, el trabajo de Alex Garland, director y guionista, es una prueba rotunda de que la ficción bien narrada, con toques realistas y con veracidad, desemboca en excelentes productos.

Ex Machina es un profundo análisis sobre la concepción de las personas, sobre los procesos de empatía, sobre la fría lectura de cómo se comporta una persona, de cómo piensa, de qué se pregunta y de cómo la mente es capaz de ser rebasada por una creación emanada de ella misma.

Muchos científicos y pensadores han anticipado que la inteligencia artificial, tarde o temprano, rebasará a las mentes de quienes la crearon. Existen otras posturas que aseguran que la creación de vida artificial es un acto obsceno para Dios, ya que sólo él tiene la potestad de dar vida. Hay otra línea que ve necesaria la inteligencia artificial para avanzar más rápido en temas que están relacionados con facilitar la vida diaria, con la seguridad de los países y con la salud. No hay duda, este tema merece espacio para otro artículo.

Hoy, sólo quiero recomendar el enorme trabajo de Alicia Vikander como “Ava”, la sensual e intrigante robot diseñada por Nathan. Fue tan grata mi experiencia al ver la película, que en algún momento de la misma sentí ganas de atravesar la pantalla y acariciar las mejillas de esa bella robot que, salvo el rostro, presume una morfología llena de una especie de escamas metalizadas y curvas pronunciadas.

De nueva cuenta, insisto, no voy a caer en tecnicismos cinematográficos simplemente porque no los conozco, lo que sí puedo hacer es asegurar que mi boca quedó hecha trizas. La ciencia ficción bien narrada sí funciona, los finales pueden ser impredecibles y la consecuencia de una buena historia es, sin duda alguna, la motivación para reflexionar acerca de la naturaleza del hombre.

Así que no lo duden, este Domingo Palomero debe ser dedicado para Ex Machina.

 

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