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Domingo Palomero

Her

Cuando escuché por rumores el argumento de esta película, no pude evitar un sentimiento de enojo y fastidio, no podía creer que el amor entre un software y una persona fuera real o al menos veraz. Por otra parte, el nombre y la fachada del personaje principal me hacían pensar que ésta sólo era una película romántica con tintes futuristas.

Por uno u otro motivo, decidí gastar mi valioso tiempo en esta película. No estaba esperanzado en que fuera buena, sólo quería un buen pretexto para poder caer en un profundo sueño y relajar mi mente. En ese entonces mi situación sentimental era gris y lerda así que todo lo relativo al amor y a la cursilería me parecía patético y despreciable. Todos los elementos estaban puestos para que, con mi lengua afilada como un cuchillo, destrozara a la película de Spike Jonze.

No pasaron más de diez minutos cuando mi mente y mis emociones ya estaban revueltas y excitadas por lo que estaban viendo. La carrasposa y sensual voz de  Scarlett Johansson, en el papel de Amy, el software, era la responsable del terrible y profundo amor en el que cayó Theodore Twomby, representado por Joaquín Phoenix. Su relación, en teoría, era la perfecta construcción del balance y el equilibrio. Ella, por sus virtudes tecnológicas, conocía a la perfección a Theodore. Él, recién divorciado, solitario y triste, desbarrancó todos sus sentimientos hacia algo intangible y poco real y, por más inaudito que esto suene, él se sentía más feliz que nunca.

Spike Jonze, reconocido por haber dirigido la ovacionada Ladrón de orquídeas, logró convencerme de que enamorarse de algo superficial y no humano es posible. Me hizo pensar que el hombre es capaz de programar y diseñar un instrumento que le regale felicidad a las personas. Me ayudó a entender que en el amor lo que más se busca es la comprensión, el apoyo y la empatía. Me recordó que los guiones románticos no necesariamente deben contener finales felices y parejas convencionales para que retuerzan hasta las fibras más insensibles del alma.

El arte e incluso la música con la que acompaña a la película, hacen un equipo poderoso e interesante. La futurista realidad que plantea Jonze parece cercana y muy probable.

Theodore se dedica a escribir cartas. Su trabajo, en el tiempo de la historia, es valorado y bien pagado. La gente transmite sus emociones con dificultad. Escribir se ha vuelto una actividad antediluviana y de poco acceso. El amor representado con flores y cenas románticas y cartas y serenatas luce acabado y enterrado diez metros bajo tierra. Las relaciones son efímeras y las personas solitarias abundan. Todas las características que el guionista representa con maestría hoy están comenzando a surgir en nuestras vidas, por eso creo que Her es una película que funciona y que merece ser aplaudida, recordada y atendida por todos.

Este Domingo Palomero que, además, se une con el puente vacacional, debería ser utilizado para ver esta película y reflexionar acerca del amor que podemos dar, que podemos recibir y que podemos perder si no vivimos con intensidad y con sinceridad cada una de nuestras emociones.

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