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Nebraska es una historia perfecta para disfrutar este día. La visión cursi e idealizada del padre súper hombre que puede con todo, que trabaja, que lucha, que ama, que protege, que divierte, que enseña y que es sabio no es más que una construcción social para poner en un pedestal a la figura paterna para homenajearla un día al año.

Los cabellos blancos y tiesos como alambres de Woody Grant son la imagen perfecta de un padre en decadencia; viejo, amargado, desinteresado, hostil y difícil de tratar. Su vida, ya en el ocaso, es una fiel muestra de la vejez en su máxima potencia. Su apego al alcohol y su soberbia son elementos que nunca fueron desechados de su vida. Sus hijos, con recelo, lo miran como una figura que pudo haber sido mejor con ellos; más cariñosa, atenta, sabia, recta y responsable.

El interminable egoísmo de Woody Grant lo obliga a desaparecerse para ir a Nebraska a cobrar un premio de un millón de dólares que cree haberse sacado. Su obstinación es tan maciza que su hijo, David Grant, decide acompañarlo a la aventura a pesar de que dicho premio no existe. Él, en un acto de nobleza, prefiere emprender el viaje con él a arriesgarse a que el viejo se volviera a perder y no volviera jamás.

Esta película muestra las hendiduras y las cicatrices de una relación entre padre e hijo que son suplantadas y olvidadas por el amor del vástago hacia su padre. La fotografía en blanco y negro y el soundtrack de la historia, encajan a la perfección con el aire nostálgico y de recuerdo que el director le imprime a la cinta. El concepto de road movie, y las situaciones que se presentan a lo largo del viaje entre los Grant, construyen una poderosa sensación de apego y amor entre ellos.

¿Existen los padres e hijos perfectos? ¿Las familias son rosas y funcionales todo el tiempo? ¿Son el rencor y el resentimiento elementos inherentes a la relación entre padres e hijos? No, no y sí, por supuesto que sí. Los hijos, todo el tiempo guardamos en nuestro corazón imágenes y escenas que para nosotros fueron desgarradoras, tristes e imperdonables. Queremos tener motivos suficientes para asumir que hemos sufrido en la vida y que la responsabilidad de todo lo malo que sucede, de todos los traumas y de todas las lágrimas, es de nuestros padres, de su crianza, de sus defectos y de sus decisiones.

Nebraska es un ejemplo virtuoso de cómo dibujar y presentar una relación franca, sincera y real entre un padre y su hijo. La idealización y la admiración no son características constantes en la historia. El acto de generosidad de David Grant con su padre es vinculado con la compañía desinteresada a pesar de tener la certeza de que su padre está equivocado y es, quizás, la última oportunidad para tener un acercamiento real con su padre, quien, por la edad, ya se encuentra rascando las últimas migajas de vida.

Este domingo palomero es dedicado a todos los padres que, con toda su imperfección y con todas sus virtudes, nos han regalado  momentos que quedarán adheridos a nuestra memoria.

Rotten Tomatoes: 91%

 

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